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Jose Enrique García
Más que fútbol
José Enrique García Collado nació en 1984 en Santa Cruz de Tenerife, pero ha pasado su vida a caballo entre Granada y Sevilla. En la ciudad hispalense cursa sus estudios de periodismo y trabaja en el diario ABC de Sevilla. Todos los domingos publica su columna ‘Más que fútbol’ en la que intenta opinar de forma seria y rigurosa sobre el deporte. José también sigue para este diario la actualidad del Real Betis Balompié.
Jose Enrique García
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La ACB, al rojo vivo
José Enrique García
Después de lo que el baloncesto ha hecho vibrar a la afición española en el Mundial de Japón, la competición patria merece captar parte de los focos que siempre se dirigen al balompié. Para el que esté harto de ver ganar siempre al Barcelona, comienza una liga apasionante de emoción hasta el último segundo, de espectáculo, de mates y triples y de mantener a los hinchas pegados al televisor hasta el último segundo… eso sí, nada de Prime Time, que este es un deporte muy bonito pero minoritario a juicio de las “teles”. Mientras hay cadenas dispuestas a pagar una millonada a un club para coger parte del pastel de la Liga de las Estrellas o que ya han pagado una fortuna para ofrecer un partido semanal de la Liga de Campeones (con perjuicio del aficionado, que antes veía dos), el baloncesto lo ponen La 2 y las autonómicas a horarios tan atractivos como las 12 de la mañana.

Pese al desinterés catódico, con la merma económica que para los clubes supone, la española es una liga que crece cada año para seguir siendo la mejor de Europa y exportando jugadores a la cada vez menos inalcanzable NBA. Este año falta el fichaje de relumbrón, pero a cambio las plantillas se han conformado de una manera más compensada, factor este que no hace sino aumentar la emoción de la competición. A falta de nuevos jugadores rutilantes, la ACB cuenta con el aliciente de que nadie se juega un euro por un campeón a estas alturas porque lo puede ser cualquiera. No en vano en los últimos cinco años ha habido cuatro campeones diferentes (TAU, Real Madrid, Barcelona y Unicaja).

Para la actual campaña estos mismos cuatro equipos parten como candidatos al título con el añadido del histórico DKV Joventut y las incógnitas de Akasvayu, Pamesa o Estudiantes. El antecedente más actual, la Supercopa, ya ha regalado muy buenos momentos de baloncesto y ha señalado al TAU como el rival a batir. En el bloque formado por Prigioni, Scola, Vidal y Erdogan han sumado al imprevisible Rakocevic para formar un conjunto compacto y difícil de batir. Unicaja, como defensor del título, también es favorito ya que mantiene el equipo campeón del año pasado y se ha reforzado nada más y nada menos que con Carlos Jiménez, que ayer anotó los primeros puntos de esta campaña. El Barcelona, con la llegada de Roko Leni Ukic, deberá reflejar sobre el parqué el nivel que se le presupone sobre el papel. Por último, el Real Madrid de Plaza tendrá que empezar por creérselo para despejar las dudas que siempre despierta la sección de baloncesto del club blanco; han recuperado a Mumbrú y Raúl López y ayer ante el campeón (29 de ventaja sobre Unicaja) demostraron que pueden vencer a cualquiera. Lo dicho, la ACB al rojo vivo, y además la Copa, la Euroliga… y al final el Europeo de Madrid, argumentos para no perder el aro de vista.

lunes, 2 de octubre de 2006.
 
Balones fuera
José Enrique García
Difícilmente podría haber imaginado José Luis Mendilíbar, técnico del Valladolid, que su decisión de andar por los vestuarios de los equipos rivales comunicándoles que su equipo no tiraría el balón fuera en caso de que un contrario estuviera tirado en el terreno de juego iba a tener tanta repercusión y tantos adeptos. El fútbol es un deporte de contacto en el que es inevitable y ¿por qué no? noble que se produzcan encontronazos en la lucha por el balón y las razones de Mendilíbar en torno a si echar la pelota fuera o no vienen a ennoblecer aún más este deporte, manchado en exceso de tramposos.

En fútbol, si existe alguien más tramposo que los españoles, esos son los italiano. Perfectos ejecutores del “otro fútbol”, dominan como nadie el arte de sacar oro del más mínimo resquicio del reglamento para llevarlo a su terreno. Pero hete aquí que Fabio Capello, más italiano que ninguno con su catenaccios y sus Emerson y Diarra, se postula a favor del no echar el balón a la banda. Esto ya lo venía haciendo en la Juventus, donde dio orden de no parar de jugar a no ser que lo ordenara el árbitro. Este año ya lo hemos visto en el partido ante la Real Sociedad. Aún considerando exagerada la medida – en ocasiones es manifiesto que el rival se ha hecho daño y que necesita asistencia- y teniendo en cuenta que debe ser el propio futbolista quien, en el campo, juzgue si su propia acción es motivo de que el compañero sea asistido, el gesto de Capello no hace sino descender al Real Madrid de las galaxias perdidas de la mano de dios en las que se encontraba al suelo.

En este Madrid ya no caben las estrellas que no trabajan –Cassano se mata a defender en cada partido- ni las que no dan la talla –y ahí está Beckham chupando banquillo después de tres años en los que ha sido intocables sin merecerlo-, ahora si se gana por 1-0, como ayer ante el Betis, “el Madrid ha hecho un partido buenísimo” (Capello dixit) y si el rival se lesiona no se echa el balón fuera porque el Madrid ya no es un equipo señor al margen del resto. Ayer, en el campo del Betis, ya empezó el Madrid a probar su propia medicina. En la grada del Ruiz de Lopera no se creían que Cicinho estaba lesionado ni cuando lo vieron salir del campo en camilla. Lo mismo ocurrió con Reyes, que tuvo que ser sustituido por Beckham. El caso del utrerano es curioso. Criado a las órdenes de Caparrós, cada vez que era tumbado se quejaba hasta el extremo, pero su paso por la Liga inglesa –allí no hay trampas en el campo, esas están ahora en los despachos- hizo que ahora se levante como un resorte cada vez que el árbitro señalara una falta.

Con estos cambios Capello ha hecho que en el Madrid se hable de fútbol y nada más. El equipo blanco ahora es como los demás. Ahora los triunfos priman sobre el marketing y la imagen que se da hacia el exterior. Para eso se trajo a un entrenador ganador. Cuatro años de sequía dan para pensar y ahora ya vale todo. Y si hay que apoyar la medida de Mendilíbar pues se apoya.

domingo, 24 de septiembre de 2006.
 
El partido más largo
José Enrique García
Un partido decidirá el estado anímico con el que una ciudad afrontará el día de trabajo de mañana. Salir temprano, estirar al máximo el desayuno en el bar, regodearte en los titulares de los periódicos, mirar alrededor y ver las mismas caras de satisfacción –porque ese día todos los que están en “Casa Andrés” o son de tu equipo o tienen la mala suerte de trabajar allí-, caminar por la calle con la cabeza alta, saludar hasta a quien has ignorado durante todo el año; o esconderte bajo las sábanas, llegar tarde al trabajo para evitar comentarios, huir de los corrillos, agachar la mirada para evitar la del “enemigo”… todo pendiente de noventa minutos. De mucho más que noventa minutos porque el derbi empieza semanas antes de que el árbitro de el pitido inicial y tiene su epílogo más allá de los tres silbidos del final.

Sevillistas y béticos se acostarán hoy sabiendo que mañana será su gran día o su mayor pesadilla. Es lo que tiene esta ciudad. Mucha guasa y mucha mala leche. Cuentan que la mañana del día después de que el Sevilla lograra su pase a la final de la UEFA, viernes de Feria, el Real estaba repleto de béticos que aprovechaban la resaca sevillista para cumplir con una fiesta de la que muchos no tenían ganas. Ésa es la salsa de este derbi: hasta quien se acuesta a tu lado puede ser del otro bando.

Y da igual que no le guste el fútbol, ése día se sabrá hasta la regla del fuera de juego. Y lo peor no es que se burlen. Lo peor es que sabes que van a hacerlo y que te pasas el día pensando en qué reacción vas a tener.

¿Y el fútbol? Eso es lo de menos. El partido será igual de feo que siempre y vivirá más de la tensión del ambiente que del buen juego. No importa quién marque los goles o si el penalti fue o dejó de serlo. En un derbi no hay favoritos. En el Sevilla-Betis lo importante es no perder, para que no se te haga el partido más largo.

domingo, 17 de septiembre de 2006.
 
 
Con las alas cortadas
José Enrique García
domingo, 10 de septiembre de 2006.
 
No es cuestión de mentalidad
José Enrique García
domingo, 3 de septiembre de 2006.
 
Todos contra el Barça
José Enrique García
domingo, 27 de agosto de 2006.
 
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