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Festival del vino 2016 - D. O. Somontano
Jonah de Morais
Nació en Madrid, ciudad en la que reside en la actualidad. Ha cursado estudios universitarios en Empresariales y Humanidades, además de realizar estudios superiores en cine y en clínica psicoanalítica.

Concibe la escritura, aparte de como una afición, como una labor terapéutica y sublimadora. Y como dijo Terencio, nada de lo humano le es ajeno, por lo que sus escritos abarcan diferentes ámbitos de la realidad: deporte, política, sociedad, salud, televisión, etc.

Respecto a la polémica que pudieran causar sus artículos, siempre dice, parafraseando a Lacan, que sus escritos están para ser leídos, no para ser entendidos. Así se cubre las espaldas, por si las moscas...
Jonah de Morais
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Del Bosque: la ignorancia campechana
El seleccionador nacional se carga a Torres y convoca a Soldado y Muniain para el amistoso frente a Venezuela
No es aportar dato novedoso alguno el reconocer ante el erudito público futbolero las limitaciones como entrenador de balompié de Vicente del Bosque. Mas comoquiera que a menudo hablamos para consumidores de prensa deportiva, tertulianos de taberna, noctámbulos irredentos por mor de Punto Pelota y, en definitiva, gentes todas cuyos únicos puntapiés han sido al diccionario conviene definir ciertos conceptos y ponerle los puntos a las íes que, en cualquier caso, no contemplo que lean.

Se esperaba con ganas y expectación la lista de Vicente, ese buen hombre, dicen, cuyo cuasi único mérito para ejercer de seleccionador, amén de su pedigrí merengue, condición sine qua non para gozar de reconocimiento entre la mediocre prensa deportiva (adviértase la hipérbole, mediocre se refiere a la calidad media. ¡Ojalá así fuese!) cuando uno es, esta vez sí, un mediocre en lo suyo, es su presunta bonhomía. En realidad no debiésemos hablar de expectación y a fuer de rigorosos y precisos convendríamos en llamar al impás como antesala de fiesta y felicidad para muchos, que con una mano descorchan el champán y la otra afilan el cuchillo mohoso y apolillado desde aquel gol a Lehmann en 2008 que tanto escoció a los enemigos del Sabio y defensores del (¡Ja!) Siete de España.

Ocurre que para muchos, como por ejemplo quien les escribe, que desde ya reconoce su ignorancia total sobre este tema y sobre todos, tanto más cuanto más escucha hablar a las luminosas mentes que desgranan la actualidad balompédica (ergo madridista) en los sesudos cenáculos televisivos y radiofónicos que de continuo se suceden, no nos ha sorprendido en absoluto la convocatoria del simpáticamente conocido como Krusty por su enorme parecido con el clown de Los Simpsons con acaso más conocimiento futbolístico. Ya ven, si Romario era un jugador de dibujos animados, de Del Bosque podemos decir algo similar. Ah, pero Romario bebía, salía de fiesta y se tiraba a chicas guapas. ¿Acaso se le puede comparar con ese señor, ese caballero, esa bellísima persona que es Del Bosque? A veces es que la gente se conforma con minucias, como ser un genio del fútbol o un sabio de Hortaleza, oiga.

Decía, disculpas por los numerosos incisos, este incluido, que pese a mi escaso conocimiento, yo, que nunca entendí los absurdos planteamientos, las ridículas alineaciones y los estúpidos cambios de Quique Flores. A mí, que Goyo Manzano, me pareció siempre un mediocre. Un servidor, que considera que la comparación entre Soldado (o Negredo) y Torres resulta tan grotesca como la que en su día los mismos gurús del balón que hoy día siguen predicando desde sus tribunas mediáticas realizaban entre el Niño y Portillo (¡Jajaja!). A mí, sí, que me provoca vergüenza ver a Arbeloa vestir la misma camiseta y al mismo tiempo que Iniesta, Piqué, Silva, Casillas o el propio Torres. Que no entiendo el doble pivote Busquets-Alonso (cobarde y mediocre, como los planteamientos y discursos del entrenador). En definitiva, yo, pese a todo lo anterior y mi manifiesta ignorancia, no me esperaba nada diferente en la convocatoria de nuestro nefando mister.

No estaba Adrián, ¿cómo habría de ir? ilusas gentes colchoneras. Allí aparece Soldado, pese a su pólvora medio mojada (nunca un buen inicio de competición dio tantos réditos cinco meses después). Y Negredo, que como su equipo ni fu ni fa. Y Muniain, en fantástico estado de forma, este sí, pero innecesario en una selección cuyo puesto ocupan top-classes mundiales como Iniesta, Silva o Mata.

Poco a poco, muy sutilmente, casi de forma sibilina, el legado de Aragonés va siendo destruido con la feliz complicidad de la prensa madridi… digo española. Apuesto a que la nutrida fauna ventajista que a partir de ya aparecerá en los medios celebrando la noticia apenas habrán visto un par de resúmenes con las actuaciones de Torres en el Chelsea el último mes. Lástima, se habrán perdido grandes actuaciones de un jugador en, probablemente, mucho mejor estado de forma que Soldado. Mas las estadísticas mandan hoy día y quien es incapaz de reconocer mirando al césped la cualidad de un jugador y su participación en el juego colectivo, habrá de quedarse con la fría y adulterada realidad que reflejan unos guarismos a menudo engañosos.

En cualquier caso, la calidad del equipo español es tan superior a la de los rivales que, incluso pese al lastre del alineador, que tal y no otra cosa es y ha sido siempre, debiera y de hecho lo es ser favorita en la Eurocopa e, incluso, debiera también, Arbeloas y Alonsos aparte, revalidar el título que de forma harto más meritoria y ante un clima hostil lograra cuatro años antes.

A diferencia de aquella prensa que esperaba con ansia el fracaso nacional, un nuevo triunfo español me causaría gran alegría. Y es que, aunque no lo querrán reconocer, la primera piedra del triunfo la puso, gol del Niño mediante, don Luis Aragonés. Y ese no era entrenador de dibujos animados.

Y tal.
viernes, 24 de febrero de 2012.
 
La impagable labor del Inem
En tiempos de paro masivo, el INEM se preocupa por emplear a los parados en actividades de muy gran utilidad
Por si el lector lo ignora, que así debiera ser pues no ha motivo para lo contrario, pertenezco a la empresa con más trabajadores de España: el INEM. No deja de ser esto una falsedad, pues ni es empresa ni en puridad podemos denominarnos trabajadores quien a ella pertenecemos. Ciertamente, en mi caso, ni siquiera lo fui antes de ingresar en la nutrida lista de parados, pues mi condición de funcionario connota, en rigor, opuesta condición a la de trabajador.

Comoquiera que el mencionado INEM no puede ofrecer empleo a todo el mundo (yo diría que a nadie aunque conozco a un anciano señor, medio loco, medio cuerdo, que afirma haber conseguido en su día trabajo a través del INEM. Vaya usted a saber) lo que en verdad hace esta mal llamada oficina de empleo (¿no debiera ser de desempleo?) es ocupar a quienes en teoría estamos desocupados, esto es, actuar a modo de servicio de guardería a fin de evitar que con la excesiva ociosidad nos diera por pensar, con el consiguiente peligro que eso conlleva (y que en España hemos ya olvidado, añado).

Tanto es así que escasos días atrás recibí una aséptica carta del fútil organismo de marras conminándome a presentarme en uno de estos centros subcontratados por la Comunidad a fin de consumar trámites y cumplimientos para los que el INEM no está dotado (¿y para qué sí?) y demás chanchullos. Se trataba de realizar unas tutorías orientativas, formativas y qué sé yo harto útiles “para mi futuro profesional”. ¡Ja! me dije. Y allí fui, no tanto por la curiosidad y expectación que me causaba como por el riesgo de perder la jugosa prestación sustitoria ganada en años de profusa y sufrida inactividad como funcionario.

Ignoraba qué grandes conocimientos, qué magnos saberes, cuán sublimes lecciones y, en definitiva, qué egregios maestros nos esperaban a todos los que allí nos reuniríamos. Como uno es de natural ingenuo y medio bobo, siempre tiende a pensar con la cabeza y a esperar que la lógica y el sentido común imperen en los designios de nuestra mundialmente afamada Administración. ¡Ah, pobre de mí, cuándo aprenderé de mis errores! Bien empleado me estuvo encontrarme no más hube llegado con cuán diferente era la realidad de mis vanas expectativas. Si no encuentras trabajo ni enseñanza útil, tal vez encuentres allí al amor de tu vida me dijo con iluso optimismo mi psicoanalista. ¡Dichoso de él que jamás tuvo la desgracia de visitar uno de estos centros ni asistir a tutoría alguna!

Por lo pronto, el amor iba a ser difícil encontrarlo. La magna profesora, por así llamarlo, resultaba ser una joven psicóloga que al consultar mi currículum se preguntó, ignorante ella, qué demonios era eso del psicoanálisis que yo había estudiado. ¡Aleluya! dije para mí ¡parece que nuestra Facultad de Psicología sigue siendo igual de absurda, inútil e ignorante que siempre! ¿Quién dijo que España estaba yendo a peor? Como soy persona paciente y con tendencia a la armonía, traté de explicárselo de la mejor de las maneras posibles. Y ella no lo entendió de ninguno de los modos. Así que se optó por comenzar con las lecciones.

Los asistentes al acto, en su mayoría obreros sudamericanos (la minoría era tan solo yo) fuimos sentados frente a unos ordenadores comprados en los años en que Bill Gates aun no había hecho la primera comunión. Decía que el amor no habría de encontrarlo en semejante lugar (y gracias empezaba a dar de no hallar siquiera la muerte, pues a tal fin parecía haber sido enviado) pues una vez descartada la profesora, tan solo quedaban una mujer búlgara que ya no cumpliría los cincuenta por haberlos sobrepasado a buen seguro hacía mucho tiempo y otra señora de edad, físico e inteligencia indefinidos. Lo demás, como decía, eran caballeros de nivel cultural ínfimo. Lo que en España llamamos nivel medio.

Y entonces comenzó el jolgorio, la algarabía, el surrealismo en su grado más profundo. Desde su tribuna de oradora junto a la pizarra, la profesora preguntó en voz alta si alguien desconocía la diferencia entre una página web y un correo electrónico. ¡Qué bien! dije para mis adentros, al menos se gasta ironías, la tía. Algo bueno tenía que tener. Y de pronto, y juro que no era un sueño, la mitad del auditorio levantó su mano. ¡Oh, dioses del cielo, qué mal había hecho yo para tener que padecer semejante episodio!. Y el espectáculo continuó. La psicóloga (conductista, cómo no) procedió a explicar la diferencia cual si de Coco se tratase. Vamos a ver lo que es una página web. Por ejemplo, www.Mercadona.com. Aquí podréis entrar a dejar vuestro currículum alguna vez. ¿Mi currículum? ¿Dos carreras y dos máster para acabar en Mercadona? Ah, pero no era una broma. Juro que miré por todos los rincones y allí no había cámara alguna. Y si la hubiera habido, hubiese preferido que fuera de gas. Aquello era insoportable. Ni siquiera los ordenadores tenían cámara. ¡Que iban a tener si cuando los fabricaron, las fotos todavía se hacían en blanco y negro!

Y el curso prosiguió sin decaer en su nivel. ¿Y alguien sabe cómo se le llama al ".com" preguntó la insigne maestra? Hubo unos interminables segundos de silencio. ¿Lo digo o no lo digo? me dije para mí. Preferí callar y parecer un ignorante más que hablar y quedar como un listillo, o acaso como un sabio. No hubiera podido aguantar los gritos de admiración y los aplausos solamente por decir la palabra dominio. Y entonces alguien, no me pregunten quién, habló. Una voz, genial y admirable, se alzó entre la multitud y dijo: ¡Arroba! Y ahí creí enloquecer. Y fue cuando otra de las personas continuó con un: Eso, que no me salía la palabra. ¡Ah, si escuchara esto Valle Inclán, cuánto habría dado por escribir semejante esperpento! En esos momentos yo ya me hallaba sediento de más farsa, no podía huir de aquel vodevil. ¿Qué más podía pedirle al INEM que convertirme en protagonista de semejante astracán?

Y así se sucedió la mañana. Y los días, que fueron tres nada más y nada menos. Y nos enseñaron a desplazar el cursor por la pantalla simplemente moviendo un pequeño objeto llamado ratón. ¡Oh, prodigiosa magia informática, cuánta admiración causó entre todos tamaño fenómeno! Y aprendimos a navegar por internet y a buscar trabajo no solo en Mercadona. ¡También en Carrefour! Pero esto es un mundo de posibilidades dijo uno. ¿Y lleva pilas? preguntó otro. Y nos enseñaron a crearnos una cuenta de correo y a mandarnos emails entre nosotros. La mujer indefinida me escribió algo tal que así: Ola me yamo Puri y bibo en Madriz ke tal stas? Soy psicologa conductista. Otra más, ¡son una terrible plaga!

¡Cuánto frenesí, cuánto furor, cuánto arrebato! En ese momento yo no quería que aquello acabara nunca. Y aparte del imborrable recuerdo en mi memoria, decidí tener una prueba física que acreditara que todo aquello no había sido una terrible pesadilla. De modo que solicité a la sabia psicóloga un certificado impreso en el que constara mi asistencia a las fatídicas tutorías. Hábil y eficiente, no tuvo dificultad alguna en redactar el diploma en una de las carracas informáticas. Desgraciadamente, no pudo entregarme documento alguno. La psicóloga no sabía imprimir.
martes, 14 de febrero de 2012.
 
Francés, lluvia dorada y demás deportes
Francia aprovecha la sanción a Contador para atacar al deporte español
Al hilo de la ominosa sanción del TAS a Alberto Contador, las reacciones procedentes de nuestros vecinos franceses han surgido como un géiser de mala baba –digo lava–haciendo aflorar con (in)disimulado revanchismo toda la bilis acumulada en años de profusa opulencia del deporte español en uno y otro confín, que diría Espronceda, y con especial incidencia en Francia.

No ha sido infrecuente en los últimos tiempos ver a deportistas españoles vestirse de amarillo en París (solamente cinco años consecutivos, con tres ciclistas diferentes) al término de su Tour. Veinte veces han acabado los pilotos españoles de las tres categorías del Mundial de Motociclismo en lo más alto del cajón en el circuito de Le Mans desde 1998. Y tres años ha ganado Fernando Alonso en tierras francesas sin usar el mismo combustible que el muñegote de Nadal. Sin olvidar las Champions logradas por equipos españoles en el estadio de París en los últimos años o las Supercopas conseguidas en Mónaco, alguna como la del Atlético de Madrid, con el mérito añadido de estar entrenado por Quique Flores.

Reconozco que no comprendo el por qué de las rencillas. Hablo de España, por supuesto, pues ni de Francia ni de francés tengo especial conocimiento. Pero la reacción ante el sketch del guiñol dichoso se antoja desmesurada y un tanto artificiosa. Como si hubiera que enfadarse porque sí y sentirse muy ofendido, que como ganar a los franceses, parece cosa muy española.

Desde aquí manifiesto mi admiración por Francia y su papel en el deporte todo. Quizá olvidemos su decisiva influencia en el desarrollo del mismo en el siglo pasado y su contribución, por ende, a la triunfal lozanía de la que gozan nuestros deportistas. Francia siempre ha sido una estupenda nación en lo que al deporte se refiere. No tanto en lo que concierne a victorias, claro está, que no todo es ganar como bien apuntó un gabacho de pro, el Barón de Coubertain con su famosa sentencia: lo importante no es ganar, es participar. Y no le faltaba razón. El deporte ha alumbrado maravillosos deportistas sin corona. Campeones sin gloria cuyo sacrificio y destreza no obtuvo la merecida recompensa por mor de avatares azarosos o de hallarse frente a un mejor rival, acaso también capricho de la fortuna. No han faltado, por supuesto, mediocres exitosos, tramposos triunfales y rufianes victoriosos, que el deporte, como la vida, no entiende de justicia poética.

Pero, decía, que Francia siempre se ha hallado a la cabeza en materia organizadora. Gracias al Barón de Coubertain a quien mencionábamos antes, los Juegos Olímpicos (mal llamados Olimpiadas por la indocumentada prensa, con excesiva tendencia a perpetuar los errores) volvieron a celebrarse convirtiéndose en una fiesta del deporte, la concordia, el espíritu deportivo y bla-bla-bla. Pero no se limita a esto el papel de nuestros simpáticos vecinos. Si gracias a Francia se celebra la más importante competición deportiva, también a ellos les debemos, aparte de excelentes vinos, exquisitos quesos y estupendas mujeres –lo de los vinos y los quesos puedo corroborarlo- las dos más prestigiosas y hermosas competiciones del más importante de los deportes: el fútbol, también llamado balompié (o fúrbol, por nuestro presidente Villar). El mundial de clubes, del que  somos actuales campeones gracias al gol de Iniesta-de-mi-vida, se celebra merced a otro francés, Jules Rimet, quien ideó, promovió y dio nombre a esta competición. Tanto fue así que fue nominado al Premio Nobel de la Paz en 1955, logro al alcance de muy pocos futboleros, Pepe incluido.

¿Y a quién le debemos la Champions League, antaño conocida como Copa de Europa? Sí, a los franceses. Concretamente al diario L’Équipe, bajo la dirección de Gabriel Hanot.

Su contribución al deporte se completa con la celebración de la más importante competición de ciclismo: el centenario Tour de Francia, su prueba más reconocida e internacional. Mientras que hoy día poca gente recuerda o conoce la influencia de Francia en la celebración de los JJ.OO o los mundiales de fútbol, el gran público –y el que no es grande también- identifica la gran carrera ciclista con el país de la Torre Eiffel, el Sena y Sinama Pongolle.

Son, por tanto, especialistas en logística, organización, iniciativa y entusiasmo. ¿Podríamos pedirles que, además, ganaran? ¿No ocurre acaso como con ese amigo simpático y gordito que todos teníamos y que organizaba las fiestas en su casa, traía el alcohol e invitaba a las chicas? Luego no ligaba, el tío. ¡Qué iba a ligar, si tanto organizar ya le había agotado! El pobre nos odiaba en silencio, en la soledad de su habitación o del cuarto de baño. Tanto esfuerzo para esto, pensaba, y no sin razón.

Esta explosión de envidia mal contenida, a mi juicio, no debiera ser mal considerada por los españoles. Como al amigo gordito, sería más oportuno darles una palmada en el hombro, agradecerles todo el esfuerzo, la organización y la infraestructura (las carreteras, los circuitos, los campos de fútbol, las chicas). ¡Si además de franceses ponen la cama!

Apelando a sus antepasados, demostrando conocimiento de su cultura, sus raíces y sus gentes y de ese santo Barón, yo les animaría a seguir compitiendo, que lo importante es participar. Y que rían o lloren cual Boabdil por lo que no supieron ganar como Nadal. A fin de cuentas, no encuentro tan hiriente el asunto del guiñol. Bien mirado, tiene gracia. Nadie como los franceses para hablar de la orina de Nadal y los españoles. Al fin y al cabo, llevamos varios años meándoles en todos los deportes. Algo sabrán del tema.
miércoles, 8 de febrero de 2012.
 
 
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