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Javier Muñoz Castaño
Javier Muñoz Castaño
Pese a tener cualidades para ello, la ciudad placentina no llegó a ser capital por la diferencia de un solo voto
Plasencia ya no se trata sólo de un lugar como pocos para turistear en cualquier estación del año, llegando a liderar el turismo de interior de España en 2012 junto al Valle del Jerte, La Vera y Parque Nacional de Monfragüe, con especial atención sobre joyas artísticas y monumentales como son sus dos catedrales, la muralla, el acueducto, Santuario del Puerto, Barrio Judío, diversos museos, el actual edificio de la UEx que recupera la tradición universitaria de la ciudad pionera en Extremadura, el Parador o numerosos y sorprendentes palacios repartidos por el casco histórico, como el Municipal que se puede contemplar en la Plaza Mayor. Además de las inacabables zonas verdes que resultan únicas, dícese del Parque de los Pinos, el Monte de Valcorchero, el Parque de la Coronación, La Isla o el Cachón, entre otros, que a la vez de alegrar la vista al pasear por el casco urbano, son un factor fundamental para que Plasencia sea una ciudad viva y compacta. Si bien la ciudad goza de alrededor de 20 kms de carril bici en torno al río.

Una vida reflejada en la esencia del mercadillo de los Martes, exhibiéndose desde hace más de 500 años la amplia gastronomía de las enverdecidas comarcas del ‘Otro Norte’, y como no en las tradicionales ‘cañas y tapas’, tanto por el centro como por diversos barrios, alcanzando su máximo esplendor dicho aspecto en las Ferias y Fiestas (segunda semana de Junio), el Lunes Menor y Martes Mayor (principios de Agosto) y otras fechas señaladas como las navidades, la Semana Santa más antigua de Extremadura o, a lo largo de cada verano, una de las etapas en las que la ciudad atrae al mayor número de visitantes.

El hecho de que Plasencia sea una de las ciudades con más bares por habitante de España (liderando el ranking durante 2007 y 2008), además de poder llenar el estómago pagando alguna consumición en tan sólo un par de ellos, queda a las claras la amigable cercanía y el movimiento que se respira en torno a la hostelería placentina. Como reza el lema, para placer de Dios, de los hombres… y ahora también de los turistas.

Y es que Plasencia es punto de encuentro, como decíamos, no sólo para quienes van a pasar unos agradables días, sino que también para importantes ferias y eventos a nivel regional, nacional e internacional, ya sean culturales, deportivos, religiosos, gastronómicos, empresariales, musicales o de otras variedades de ocio e, incluso, sobre naturaleza como es el caso de la feria Iberforesta, la primera respecto a esta temática celebrada en España.

Y, a falta del comienzo de la obra de adecuación de Avenida España y Martín Palomino (fundamental para el progreso de la zona industrial, base del empleo de la ciudad) y algún que otro aspecto por pulir, todo ello gracias a una nueva Plasencia del Siglo XXI que firmemente asentada en la riqueza de su pasado mira hacia el futuro a través de obras como el moderno Palacio de Congresos, ascensores panorámicos, el pabellón del Berrocal, escaleras mecánicas que unen La Isla y la Avenida del Valle con otra de las principales arterias urbanas, los llamativos murales que aportan vanguardia artística, que ya se suman a clásicos edificios como el Teatro Alkazar, el Auditorio de Santa Ana u otras salas de exposiciones y conferencias que en su día fueron hospitales, conventos o casas señoriales, o la red de grandes superficies de aparcamientos gratuitos e instalaciones deportivas como, por ejemplo, la magnífica piscina bioclimática.

Este conjunto de avances permite la accesibilidad y cohesión de Plasencia, siendo una urbe homologable a cualquier ciudad de su entorno y, como así lo quiso Alfonso VIII desde su fundación en un enclave estratégico entre Portugal y las actuales Comunidad de Madrid y Castilla y León, abarcando sus influencias no sólo entre todas las comarcas de la Alta Extremadura, con dependencias tanto de población como de superficie suficientes como para conformar una provincia, sino también para todas las provincias que la rodean. Atendiendo a esta condición desde su fundación allá por 1186, causa fundamental por la que grandes franquicias y superficies también apuestan, pese a la dura competencia del comercio local, por invertir en Plasencia y, por donde empezamos, por lo que el emblemático escritor salmantino Miguel de Unamuno se refirió a Plasencia como “la capital sin provincia”.

De ésta forma, no sólo Plasencia saldría beneficiada, sino también la propia Extremadura, fortaleciéndose por medio de otro punto fuerte de la región y con más facilidades para tantos miles de extremeños de ocho comarcas que, en ese caso, no tendrían que hacer kilómetros hasta Cáceres o Mérida, ahorrándose así también la Junta, por ejemplo, la parada en la capital cacereña de los traslados de muchos documentos y todo tipo de gestiones.

Artículos del autor

Los orígenes como ciudad de la refundada Plasencia, hasta entonces aldea llamada Ambrosía (anteriormente utilizada como asentamiento romano...), se remontan al año 1186, cuando la Alfonso VIII decidió consolidar un punto fuerte por debajo de Castilla.
 
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