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Martín Cid


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Martín Cid
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Las aventuras de Jacobo Caspanova / Capítulo XI
¿Podría soportar Adelfa una noche de amor en semejante estado?

-¡Toc, toc! ¡Y la mano de Santa Teresa llamó por segunda vez! –terminó por decir Adelfa mientras apuraba otro combinado más.

-¿Cuántos van ya, bella Adelfa?

-¿Qué pasa? ¿Te crees mi padre? ¡Anda, idiota, se bueno y pídeme otro!
Caspa, como caballero que era, acudió presto a cumplir los deseos de su dama… y como ni Adelfa era una dama ni Caspa un caballero, surgieron en la mente de nuestro protagonista serias dudas que planteamos ahora:

1ª) ¿Podría soportar Adelfa una noche de amor en semejante estado?

2ª) ¿Podría soportar Caspa seguir pagando copas de aquella manera?

Una de las habilidades más notorias de Caspanova era la capacidad de observación y sus dotes para la huída, ya famosas en casos como… ¡El muy Extraño Caso del cómo Perdí mi Cartera (Otra Vez)! O el no menos famoso… ¡¿Podría Usted Fiarme esta Noche (Otra Vez)?! Si bien Caspanova se tenía por un caballero, su condal linaje le condenaba a una vida (por si aún no lo habían notado) de prietas economías.

-Jo, tíos… ¡Y os juro que luego la mano de Santa Teresa entró en mi habitación! ¿Os lo podéis creer?

La cita con Adelfa iba viento en popa, como no podría ser de otra manera cuando hablamos de un seductor profesional.

-Y mmmmm… ¡no contenta con entrar en mi cuarto comenzó a rozar todo mi cuerpo!

El asunto se ponía un poco escabroso, pero Caspa siempre sintió cierta debilidad con el asunto lésbico, por lo que decidió pedir otra copa a su amada y dejar que los parroquianos se deleitasen con las veleidades dialécticas de su dama.

-¡Eh, que a mí me daba asco! ¿Qué os pensáis? ¿Que soy una cualquiera? ¡No, no! Yo no quiero… pero el brazo primero recorrió mi cuello y sentí un escalofrío que me dejó helada. ¡Sí, estaba montándomelo con el brazo de Santa Teresa!

Los parroquianos la rodeaban y alguno incluso disponía su pelvis de una manera un tanto indecorosa, rozando a veces el muslo de Adelfa (que llevaba tal borrachera que nada podía hacer ante semejante ultraje). ¿Debía intervenir?

-¡Tabernera, póngame otra copa para la más bella dama del local!

La tabernera en cuestión, muy metida en el papel gracias a cierta mezcla en el vestir entre el mendigo de la esquina y Lady Gaga, no parecía muy contenta con la actitud de Adelfa, que suponía una clara competencia para nuestra tabernera.

-¿Las copas de la borracha las pagas tú, no?

Y he aquí donde se conoce al caballero:

-¿Las copas de quién?

-¡Sí, hombre! ¿No venías tú con la borracha gallega esa?

-No, no –contestó raudo e inteligente nuestro seductor-detective favorito-. Estoy aquí sólo por ti –y acompañó el gesto con un guiño tan sutil como tentador, tan maravillado como entregado.

-¡La madre que la parió! ¡Eh, tú, borracha, ven aquí!

Parece que el sobrenombre de “borracha” no le era ajeno a la bella Adelfa, que respondió rápida a la llamada de la tabernera, hecho que aprovechó Caspa para ejecutar su plan.

-¿El servicio, por favor?

-Al fondo, a la derecha… ¡Y que caiga dentro!

Salió disparado Caspa hacia la salida, esperando pasar desapercibido entre el barullo ahí montado.

-¡Eh, imbécil, por ahí no!

Pero ya era demasiado tarde y Caspanova ya estaba en la salida. Una vez más, la inteligencia al servicio de la seducción y la clase.

-¡Para que veáis, chusma infecta! ¡Al fin, la clase prevalece sobre la mediocridad de la plebe!

Acompañó la frase con un corte de manga, si bien no pudo terminarlo ya que, de repente y sin venir a cuento, un hombretón de dos metros de altura y aspecto eslavo se precipitó sobre nuestro condal amigo…

¿Saldría de ésta Jacobo Caspanova? Es lo que tiene la literatura por entregas, que hay que esperar hasta la siguiente entrega para averiguarlo o, si eres bella y lozana, escribir al autor del bodrio a martin@martincid.com. Sean buenos.

miércoles, 30 de noviembre de 2011.
 
Las aventuras de Jacobo Caspanova / Capítulo X
Adelfa y sus problemas con el alcohol
Por si alguien no lo ha intuido ya (y si no lo ha hecho será otra razón para no dudar de los datos que colocan a España como uno de los países punteros en fracaso escolar), Adelfa tenía un problema con el alcohol. Si bien las clases particulares la producían algún momento de felicidad (el clásico “estoy seca, ¿tenéis algo rico en la bodega?” según se llegaba a un domicilio) hasta el siempre recurrido “¿podría cobrar cinco clases más por adelantado?”… lo cierto es que Adelfa no gozaba de una situación económica saneada, motivo por el cual se veía obligada a tener citas con hombres para conseguir alguna invitación a alguna copa (no menos de seis, no más de diez, que la salud es lo primero). No, Adelfa no era una prostituta porque, para llegar a serlo, tendría que haber sido bastante más guapa de lo que era. Adelfa jamás practicaba sexo con sus clientes ni prometía nada que no fuera una relación alcohólica madura y responsable. A cambio, ofrecía compañía y buena conversación.

-Mira, colega… yo aquí… pssss… ¡Otro cubata! Que me la… y le dije… ¡que te den, cabr..! ¡Otro cubata! Oye, tú, ¿aún no me has puesto el cubata ¡Tú lo que eres es un hijo de pu…?

Caspanova asistía al espectáculo un poco estupefacto un poco distraído en el escote que mil placeres prometía.

-¡El cubata! ¡Sí, señor…! ¡Echa más, joer!

Los camareros temían la llegada de Adelfa como en otros tiempos se temió la llegada de un joven Alejandro Magno o la presencia del más sanguinario Calígula.

-¡Menuda birria de sitio! ¿Has visto qué pelotazos? ¡Pero si apenas han echaoo! ¡Anda, no pidas nada mejor que me lo bebo de un trago y nos vamos a un antro que conozco que ponen los mejores pelotazos de Madrid!

Con apenas una hora de cita, Adelfa se había metido entre pecho y espalda no menos de ya seis combinados (los clásicos “cubatas” para los no entendidos en coctelería)… pero sólo contaba como uno para Adelfa, que consideraba que la cantidad no era la adecuada, por lo no contabilizaba.

-¡Este sí, Caspa! ¡Ya verás que pelotazos!

Caspanova contempló no sin cierta lubricidad un bar en cuyo interior cuatro ancianos con las camisas desabrochadas hacían gestos obscenos y se tocaban partes que no deberían figurar en los textos para escolares.

-¡Adelfa, conejito mío! ¡Ven aquí, cochina!

No pareció a Adelfa un trato tan cercano con los clientes, por lo que Caspa decidió también hacer caso omiso. Sí, quería que aquella fuese la madre de sus hijos pero… ¿acaso hay una madre perfecta?

-¿Dónde está mi boquita favorita? ¡Ven aquí que hago trabajar esa lenguita!

-¡Muévete, nena, que no me entere yo que ese culito pasa hambre!

Los parroquianos acompañaban aquellos elocuentes piropos con elegantes gestos con la cadera y la lengua. Adelfa, como no podría ser de otra manera, respondía las miradas de aquellos caballeros con abrazos y algún que otro no demasiado casto lametón en el cuello.

-¿Te acuerdas del motelito del otro día?

-¡Cómo olvidarlo, Leo! –responde pícara y pizpireta la bella Adelfa-. ¿Cómo se llamaba tu amigo?

-¿Cuál de ellos? –contesta el confundido interlocutor.

-El del tatuaje, sí… ¡Bah, da igual! ¡¿Buena noche, eh?! Mirad, os voy a presentar a mi nuevo amigo: éste es Jacobo.

Caspa, fiel a su linaje y condición, hizo una reverencia antes de pronunciar su sonado discurso.

-Jacobo Caspanova, conde de Nomentero y detective privado.

-Oye –le comentan a Adelfa sin apenas disimulo y sin bajar la voz para así evitar ser oídos-, ¿este tío es gay, no?

Adelfa parece que responde positivamente a la pregunta. No le importaba al seductor Caspanova tales conjeturas, ya que su hombría y valor en el ruedo de la seducción estaban suficientemente probadas. Además, ser tenido por homosexual era siempre una ventaja a la hora de encontrar una buena compañera de cama, ya que las mujeres siempre estaban más dispuestas en un primer momento a entablar conversación con un hombre de sexualidad difusa que con todo un seductor como Jacobo Caspanova.

Pero eso, como decían en Conan, es parte de otra historia.

martes, 15 de noviembre de 2011.
 
Las aventuras de Jacobo Caspanova / Capítulo IX
Caspa recita poesía a la luz de la luna
Tomaron un taxi en dirección a la plaza de Ópera, clásico epicentro de las pedanterías de Caspa e inspiración de las mismas.

-¿Sabías que estos cedros ya estaban aquí cuando llegó Napoleón? –preguntó Caspa mientras miraba disimuladamente los pechos que sobresalían gráciles cual palomas blancas entre el escote de la bella Adelfa.

-¿Tengo pinta de que me importe? –contestó la bella dama-. La Helena me dijo que tenías clase… ¿Vamos a zampar o qué?

-Dejemos las viandas para más tarde, bella Adelfa, ¡saciémonos de los aromas y la historia! ¡Cuán grandes fueron los hombres que aquí dejaron bolsa y vida en ciento y mil otras venturas!

Adelfa era una chica sencilla, licenciada en inglés (lo que no viene a ser mucho, más si se conoce a otros licenciados en lengua inglesa, los llamados M.E.A.M.E. -de mediana edad aunque medianamente encapullados-). Nacida en una de las zonas más profundas de la más castiza Galicia, había pronto huido de aquella vida provinciana para instalarse en la tan cosmopolita Madrid, cuna de eminentes prohombres como Paco Clavel o monseñor Rouco Varela –y dicen las malas lenguas que son hermanos-. No tardó Helena en ponerla bajo su tutela y protección (dos copas los viernes gratis, una los sábados, el resto de la semana las borracheras se pagaban con clases particulares de inglés).

-Respira, pequeña –continuó Caspa mientras tomaba por detrás de la cintura a Adelfa, sí, muy en plan Titanic.

-¿Una copa al menos?

-Todo lo que la bella Adelfa requiera –y es que el bueno de Jacobo consideraba, con no demasiado buen criterio, que una pequeña borrachera sería más barato en la segunda taberna más indecente de Madrid (la primera, por supuesto, era el bar de Helena).

-¿Y tú a qué te dedicas, Adelfa?

-Profe de inglés. Te doy clases por diez pavos, ¿quieres?

-¡Oh, la lengua de Shakespeare! ¡Qué bellos sus sonetos!

La cita, por si no lo habían notado aún, no iba bien, ni siquiera para un seductor de primera clase como Jacobo Caspanova. Había decidido entonces Caspa tomar medidas y emplear la artillería pesada: se separó un momento y con la más delicada voz que oído humano escuchase, recitó el más bello soneto que mente humana pudiera haber entendido. Recitó Caspanova con tal vehemencia y entrega que más de un asistente (en total, dos) miró y, al igual que Adelfa, incapaz también de reprimir sus sentimientos, tornó la poesía que invadía su alma en carcajada y la locuacidad en cinismo fingido.

-¿Pero tú estás tonto o qué?

-Shakespeare, mi pequeña –respondió Caspa mientras acariciaba la barbilla y guiñaba el ojo de una dama que, ahora estaba seguro, no dormiría sola aquella noche.

-¿Pero tú no estabas enrollao con el subnormal ese?

-No, mi niña. Y si te refieres al joven Cuasimodo, te diré que no sólo no es “retardado”, como tú sutilmente sugieres, sino que se trata de un alma sensible y muy avispada para asuntos criminales. ¿Sabías que fue él solo el que resolvió el misterio del robo de las joyas en el Vaticano? ¡Gran hombre el pequeño Cuasi!

-¡Pues a mí Helena me dijo que vivíais juntos y que os lo montabais con animales! ¡Lo que me faltaba, tener que aguantar a otro pesado intentando meterse en mis… -(le ahorraré al elegante lector la lectura de palabra tan fea y emplearé el eufemismo de “prenda íntima femenina” para no emplear tan grosero término)-. ¡Oye, tío! ¡Que tú hoy naaaaaa! O sea, que te olvides de mete-saca. ¿Va?

-Bella Adelfa, ¿acaso crees que soy de esa clase de caballeros? No, mi pequeña beldad del norte….

-Entonces, ¿eres gay o no? ¡Porque a ver si te aclaras de una vez!

-¿Acaso confundes sensibilidad con rudeza? ¿Acaso no puede el mejor amante sentir la misma voluptuosidad en un poema que en los brazos de su amada? ¿Acaso no…?

El monólogo de nuestro amigo continuó durante algunos minutos mientras la paciente Adelfa llegaba firme a la segura conclusión: su nuevo amigo era, o bien un pervertido o un loco que le daba por igual a las dos aceras. Segura ya del asunto que todo el mundo en el bar de Helena comentaba (que se trataba de dos homosexuales pervertidos con ciertas aficiones por el “reino animal”), pensaba ahora que, o bien se había escapado de un centro de salud mental (los que alguna vez hemos pasado por allí preferimos ese término al clásico ‘psiquiátrico’, más práctico pero menos sensible) o bien debería ingresar con cierta urgencia en uno… pero vivimos en España y la Sanidad Pública ha sufrido elevados recortes y gracias a nuestros gobernantes tipos como Jacobo Caspanova no ingresan en psiquiátricos para ahorrarse unos durillos.

¿Han visto como no todo es malo? De vez en cuando hasta unos seres mezquinos como los políticos son capaces de proporcionarnos alguna sonrisa. Hasta la próxima… y no hagan nada que yo no haría (como ir al gimnasio o ver películas francesas dobladas al armenio).

jueves, 3 de noviembre de 2011.
 
 
Las aventuras de Jacobo Caspanova / Capítulo VIII
Entra en acción la bella Adelfa
martes, 25 de octubre de 2011.
 
Las aventuras de Jacobo Caspanova / Capítulo VII
Cómo se prepara un caballero para una cita
miércoles, 19 de octubre de 2011.
 
Las aventuras de Jacobo Caspanova / Capítulo VI
Preparando maldades
jueves, 13 de octubre de 2011.
 
Las aventuras de Jacobo Caspanova / Capítulo V
Poesía en la taberna
lunes, 10 de octubre de 2011.
 
Las aventuras de Jacobo Caspanova / Capítulo IV
El bar de Helena
jueves, 29 de septiembre de 2011.
 
Las aventuras de Jacobo Caspanova / Capítulo III
Asesinato
viernes, 23 de septiembre de 2011.
 
Las aventuras de Jacobo Caspanova / Capítulo II
Loro contra hombre
martes, 20 de septiembre de 2011.
 
Las aventuras de Jacobo Caspanova / Capítulo I
Jacobo Caspanova
miércoles, 14 de septiembre de 2011.
 
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