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Martín Cid
Martín Cid
¿Podría soportar Adelfa una noche de amor en semejante estado?

-¡Toc, toc! ¡Y la mano de Santa Teresa llamó por segunda vez! –terminó por decir Adelfa mientras apuraba otro combinado más.

-¿Cuántos van ya, bella Adelfa?

-¿Qué pasa? ¿Te crees mi padre? ¡Anda, idiota, se bueno y pídeme otro!
Caspa, como caballero que era, acudió presto a cumplir los deseos de su dama… y como ni Adelfa era una dama ni Caspa un caballero, surgieron en la mente de nuestro protagonista serias dudas que planteamos ahora:

1ª) ¿Podría soportar Adelfa una noche de amor en semejante estado?

2ª) ¿Podría soportar Caspa seguir pagando copas de aquella manera?

Una de las habilidades más notorias de Caspanova era la capacidad de observación y sus dotes para la huída, ya famosas en casos como… ¡El muy Extraño Caso del cómo Perdí mi Cartera (Otra Vez)! O el no menos famoso… ¡¿Podría Usted Fiarme esta Noche (Otra Vez)?! Si bien Caspanova se tenía por un caballero, su condal linaje le condenaba a una vida (por si aún no lo habían notado) de prietas economías.

-Jo, tíos… ¡Y os juro que luego la mano de Santa Teresa entró en mi habitación! ¿Os lo podéis creer?

La cita con Adelfa iba viento en popa, como no podría ser de otra manera cuando hablamos de un seductor profesional.

-Y mmmmm… ¡no contenta con entrar en mi cuarto comenzó a rozar todo mi cuerpo!

El asunto se ponía un poco escabroso, pero Caspa siempre sintió cierta debilidad con el asunto lésbico, por lo que decidió pedir otra copa a su amada y dejar que los parroquianos se deleitasen con las veleidades dialécticas de su dama.

-¡Eh, que a mí me daba asco! ¿Qué os pensáis? ¿Que soy una cualquiera? ¡No, no! Yo no quiero… pero el brazo primero recorrió mi cuello y sentí un escalofrío que me dejó helada. ¡Sí, estaba montándomelo con el brazo de Santa Teresa!

Los parroquianos la rodeaban y alguno incluso disponía su pelvis de una manera un tanto indecorosa, rozando a veces el muslo de Adelfa (que llevaba tal borrachera que nada podía hacer ante semejante ultraje). ¿Debía intervenir?

-¡Tabernera, póngame otra copa para la más bella dama del local!

La tabernera en cuestión, muy metida en el papel gracias a cierta mezcla en el vestir entre el mendigo de la esquina y Lady Gaga, no parecía muy contenta con la actitud de Adelfa, que suponía una clara competencia para nuestra tabernera.

-¿Las copas de la borracha las pagas tú, no?

Y he aquí donde se conoce al caballero:

-¿Las copas de quién?

-¡Sí, hombre! ¿No venías tú con la borracha gallega esa?

-No, no –contestó raudo e inteligente nuestro seductor-detective favorito-. Estoy aquí sólo por ti –y acompañó el gesto con un guiño tan sutil como tentador, tan maravillado como entregado.

-¡La madre que la parió! ¡Eh, tú, borracha, ven aquí!

Parece que el sobrenombre de “borracha” no le era ajeno a la bella Adelfa, que respondió rápida a la llamada de la tabernera, hecho que aprovechó Caspa para ejecutar su plan.

-¿El servicio, por favor?

-Al fondo, a la derecha… ¡Y que caiga dentro!

Salió disparado Caspa hacia la salida, esperando pasar desapercibido entre el barullo ahí montado.

-¡Eh, imbécil, por ahí no!

Pero ya era demasiado tarde y Caspanova ya estaba en la salida. Una vez más, la inteligencia al servicio de la seducción y la clase.

-¡Para que veáis, chusma infecta! ¡Al fin, la clase prevalece sobre la mediocridad de la plebe!

Acompañó la frase con un corte de manga, si bien no pudo terminarlo ya que, de repente y sin venir a cuento, un hombretón de dos metros de altura y aspecto eslavo se precipitó sobre nuestro condal amigo…

¿Saldría de ésta Jacobo Caspanova? Es lo que tiene la literatura por entregas, que hay que esperar hasta la siguiente entrega para averiguarlo o, si eres bella y lozana, escribir al autor del bodrio a martin@martincid.com. Sean buenos.

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