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Martín Cid
Martín Cid
Trump vio paralizadas sus propuestas para poner fin al Obamacara por oposiciones de su propio partido
Los llaman los ‘halcones’, supongo que por su ferocidad y otras cosas, pero lo cierto es que hasta estos señores, miembros del partido republicano, se han opuesto a las reformas del señor Trump en materia sanitaria. La propuesta no ha sido aceptada y el presidente ha pedido a la cámara que retire finalmente la propuesta. El señor Trump se enfrenta con lo que ha sido siempre la política y parece que no es su fuerte: el diálogo.

En su ya legendario show, Trump tenía una frase: You are fired (estás despedido). Él mandaba, ponía y quitaba y ordenaba y dejaba hacer y, sobre todo, se lucía. Llegados a la Casa Blanca, parece que el tema de ‘hago lo que me da la gana’ no sienta tan bien y ahora los ultra conservadores le han tumbado la propuesta (vale, no por dejar a 22 millones de americanos sin sanidad, sino por ser demasiado ‘blanda’). Pero la noticia es que ahora Trump ya no las tiene todas consigo y va a tener que hacer eso que se llama ‘negocia’ y que, a la vista de las circunstancias, no le gusta absolutamente nada.

Lo del Obamacare ha traído mucha cola y ha sido una polémica que ha tenido a medio mundo asustado, mirando a los americanos como a verdaderos extraterrestres: ¿cómo vas a dejar a 22 millones de personas sin cobertura sanitaria? Sí, a mí también me parece un poco dura la cosa pero hay que entenderlas, y lo de pagarle el médico al vecino a ellos no les gusta y el tema de la solidaridad no da votos así que nada, ahora Trump se enfrenta no sólo con la prensa una prensa mentirosa (el Times, el Post, el otro Post… la CNN, la lista es inmensa), el FBI que dice que no tiene razón… y ahora su propio partido no le apoya. Espejito, espejito, ¿algo estamos haciendo mal?

Artículos del autor

-¡Toc, toc! ¡Y la mano de Santa Teresa llamó por segunda vez! –terminó por decir Adelfa mientras apuraba otro combinado más.
Por si alguien no lo ha intuido ya (y si no lo ha hecho será otra razón para no dudar de los datos que colocan a España como uno de los países punteros en fracaso escolar), Adelfa tenía un problema con el alcohol. Si bien las clases particulares la producían algún momento de felicidad (el clásico “estoy seca, ¿tenéis algo rico en la bodega?” según se llegaba a un domicilio) hasta el siempre recurrido “¿podría cobrar cinco clases más por adelantado?”… lo cierto es que Adelfa no gozaba de una situación económica saneada, motivo por el cual se veía obligada a tener citas con hombres para conseguir alguna invitación a alguna copa (no menos de seis, no más de diez, que la salud es lo primero). No, Adelfa no era una prostituta porque, para llegar a serlo, tendría que haber sido bastante más guapa de lo que era. Adelfa jamás practicaba sexo con sus clientes ni prometía nada que no fuera una relación alcohólica madura y responsable. A cambio, ofrecía compañía y buena conversación.
Tomaron un taxi en dirección a la plaza de Ópera, clásico epicentro de las pedanterías de Caspa e inspiración de las mismas.
 
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