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Guillermo Valiente Rosell
Guillermo Valiente Rosell
La UE pone todas sus esperanzas en quien será el próximo presidente de Francia
La victoria de Emmanuel Macron en las elecciones presidenciales de Francia ha supuesto un freno al populismo del Frente Nacional, que por primera vez llegaba a la cita electoral con opciones reales de alzarse con el triunfo en la primera vuelta. Salvo sorpresa mayúscula, Macron se convertirá en el próximo presidente de la República Francesa y, al mismo tiempo, en la última esperanza de una Unión Europea que necesita urgentemente generar ilusión si quiere sobrevivir.

Macron, al que algunos medios españoles ya han denominado “el Albert Rivera francés”, procede de las filas del socialismo galo y ha sido ministro de economía con François Hollande. Su éxito se debe en parte a su juventud, 39 años, y a haber construido un proyecto centrista con un carácter reformador, que pretende combinar recetas económicas liberales con políticas sociales. Sin embargo, En Marche!, su nuevo partido, carece de cuadros y se basa en el trabajo de voluntarios organizado en torno a comités locales. Sus líneas ideológicas son difusas, y en buena medida es un producto de mercadotecnia electoral apoyado por los medios de comunicación.

Por su parte, Marine Le Pen poco tiene que ver con su padre. Desde que se hizo con el control del Frente Nacional en 2011 ha alejado el partido de sus posiciones neofascistas originales hasta convertirlo en una formación populista centrada en la denuncia de la inmigración, la globalización y la burocracia europea. Lejos quedan las soflamas antisemitas de su antiguo líder. Marine ha abierto el partido a los sectores obreros desencantados con la izquierda y ha abandonado las posturas sociales conservadoras, centrándose en la denuncia del multiculturalismo.

Marine Le Pen tiene pocas opciones de convertirse en presidenta de Francia. Su aparente éxito oculta que hace un año las encuestas situaban al Frente Nacional como primera fuerza política, con casi un 30% de intención de voto, y finalmente ni siquiera ha ganado la primera vuelta de las presidenciales y se ha quedado con un 21,3%. Macron ha conseguido generar ilusión con un discurso optimista que le servirá para recabar el apoyo del resto de fuerzas políticas y derrotar a Le Pen, que sigue siendo percibida como una amenaza por una buena parte de los ciudadanos y por la práctica totalidad de medios de comunicación.

De momento, Macron es sólo una promesa que está por ver si se hará realidad. Su éxito dependerá de si realmente es capaz de desarrollar una política alternativa a la realizada por los partidos tradicionales, una política que ilusione, que genere oportunidades y que sea aplicable al conjunto de la Unión Europea.

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