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Francisco Morales Lomas
Los trabajos y los días
Francisco Morales Lomas
¿A cuántos niños americanos hará sonreír este nuevo Donald cuando tengan que regresar a sus países de origen y a la miseria?
Un nuevo fantasma recorre el mundo. Y aunque tenga nombre de pato, Donald, no lo es. Su apellido significa triunfo, Trump. Y, sobre todo, significa que el mundo está en peligro o acaso al borde de un ataque de nervios.

Sus formas bufas hubieran deleitado a Valle y a Darío Fo. Con ellas ha logrado convencer a la masa, esa masa trivial, cabreada, asqueada… sobre la que decía Antonio Machado con buen criterio que la cargan las ametralladoras.

Trump ha insultado a la mujer y, sin embargo, más de un veinte por ciento de estas mujeres americanas lo han apoyado. Trump ha vilipendiado e insultado a los inmigrantes y, sin embargo, una gran cantidad ha depositado su voto en las urnas a su favor. Trump el rico ha sido votado por las clases más pobres, populares y desfavorecidas al mismo tiempo que por grandes multimillonarios. No es una paradoja, es la realidad americana, que ha optado por la inmolación en toda regla. Amantes de las sectas y los líderes carismáticos, cuando Trump decida seguir su camino ¿quién resistirá su orgía?

Esta es la historia de una victoria. La lleva en su apellido aunque en su nombre acarree todos los atributos de un pato reputado, que hablaba extraño y hacía reír a los niños. ¿A cuántos niños americanos de familias humildes hará reír este antihéroe de Wall Street cuando decida repatriar a once millones? ¿A cuántos niños americanos hará sonreír este nuevo Donald cuando tengan que regresar a sus países de origen y a la miseria? ¿A cuántos enemigos pondrá de acuerdo?

Donald Trump es el nuevo pato del mundo con el botón nuclear en sus manos. El nuevo Jocker conquistador. Lo han querido un buen número de millones de votantes y el resto de la humanidad, ante este evento consuetudinario que inunda la rúa, está completamente acojonado.

No se le conocen estudios algunos pero este iletrado multimillonario sabe mucho de reality show. De hecho fue el presentador del reality show The Apprentice de la NBC entre 2004 y 2015. Y gracias a sus artes de showman ha logrado convencer a esa masa de votantes cabreados, hastiados, quemados, acaso desesperados, que en su consternación pueden llevar al mundo hacia el caos.

Un iletrado también, cojo de un testículo, con apoyo de grandes empresarios y con la masa amorfa haciéndole la ola fue conocido en 1933. También quería ser el dueño del mundo. El precio fue un poco desorbitado: cuarenta millones de almas.

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