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Festival del vino 2016 - D. O. Somontano
Fernando Nuñez
El rincón del niño voltio
Fernando Núñez Vengut (Alicante, 1977) es licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid. Su carrera se ha desarrollado principalmente en el mundo de la televisión, donde ha desempeñado las funciones de redactor para diferentes cadenas nacionales.

Sin embargo, y debido a su carácter inquieto por naturaleza, tampoco ha dejado pasar la oportunidad de realizar otros trabajos enmarcados en el ámbito artístico. Guionista y director de cortometrajes, escritor de relatos, actor de cine y teatro, tertuliano en radio,… Y ahora, colaborador en el área de cultura del Diario SIGLO XXI.
Fernando Nuñez
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Yo canto.Tú cantas. Ellos no cantan
Fernando Nuñez
Que Hollywood sufre sequía de ideas no es ningún secreto. Atrás quedaron esos años dorados en los que guionistas de prestigio creaban obras originales, personales, inéditas. Obras con las que conseguían hacernos soñar sumidos en la oscuridad de la sala de cine. De las mentes de un puñado de buenos escritores surgían cada año cientos de historias románticas. De aventuras. Épicas.

Dramáticas. Aterradoras. Historias nunca contadas. Historias nunca vistas.

Pero aquellas mentes que antaño regaban el panorama cinematográfico con creatividad y sorpresa, ahora se han secado para siempre. Se han vuelto vagas. O les han obligado a serlo. Con algunas notables excepciones, el guionista de hoy se ha convertido en un mero adaptador. Videojuegos. Textos teatrales. Cómics. Remakes. Obras literarias de éxito. A eso se reduce la producción de un Hollywood cobarde y falto de iniciativa. Un Hollywood que apuesta a caballo ganador, pisoteando y pasando por encima de cualquier atisbo de autoría. De cualquier resquicio de novedad.

Por eso no es de extrañar que en los últimos años haya resurgido con fuerza el biopic. Esa suerte de biografía en imágenes de personajes célebres. Célebres por su carrera artística pero también por su tortuosa vida, pues si no hay morbo no hay beneficios. Uno de los más esperados es, sin lugar a dudas, el que está preparando Universal Pictures sobre Milli Vanilli. Ese dúo de ébano, que protagonizó uno de los mayores escándalos que se recuerdan en la industria musical, tendrá su propia película. El proyecto lleva desde 2007 dando tumbos por los despachos de la productora. Y parece que por fin podría ponerse en marcha. Lo cierto es que la historia del grupo tiene lo suyo…

Tanto Pilatus como Fabrice Morvan eran dos bailarines excepcionales. Incluso llegaron a formar parte del cuerpo de baile que acompañaba a esa cantante que tantas alegrías nos dio, especialmente en una Nochevieja memorable donde sacó a pasear un pecho enorme y morenito al ritmo de su ‘Boys, boys, boys’. Sí, la misma. Sabrina Salerno. Esa italiana cachondona que humedeció los sueños de medio mundo.

Por aquel entonces el productor Frank Farian quería lanzar al mercado un nuevo grupo pop. Y se fijó en ellos. Ese rostro exótico, esos cuerpos fibrados, esas largas extensiones, esos movimientos sexuales. Todo eso era lo que estaba buscando el bueno de Frank. Así, les propuso a los dos jóvenes formar parte del proyecto y ellos aceptaron sin pestañear. Pilatus y Morvan, además de tener el don del ritmo, tenían unas ganas locas de triunfar sin importar ni el precio ni la disciplina. Encontraron en Frank lo que tanto tiempo habían buscado.

Quedaron para hacer una prueba de voces. Algo rutinario. Y surgió el problema. El productor se dio cuenta de que sus dotes musicales eran más bien escasas. ¿Qué hacer? Frank Farian, que de marketing sabía mucho, no se amedrentó. Les colocó unas lentillas de colores, les sometió a una sesión de chapa y pintura, y se puso a buscar las voces de aquellos que podrían encajar con los dos bailarines. Pilatus y Morvan pondrían la cara y moverían los labios. El playback aupado a la categoría de disciplina artística. El playback en todo su esplendor. Así nacía Milli Vanilli.

Todo salió a la perfección. Pronto comenzaron a copar las listas de éxitos de medio mundo. A vender millones de discos. Incluso a ganar un Grammy en 1989 al mejor nuevo artista musical. Y el éxito se les subió a la cabeza. Especialmente a Pilatus, quién comenzó a tontear con la cocaína y a tener un comportamiento raro, raro, raro. En una entrevista, embriagado de fama, llegó a decir que Milli Vanilli eran mejores que Elvis, Dylan o los Beatles. Las risas de la prensa musical todavía hoy se pueden escuchar retumbando por todos los rincones del planeta.

Pilatus y Morvan, creyéndose los reyes del mambo, presionaron a Frank Farian para sacar un disco con sus propias voces. Fue entonces cuando el productor, cansado de sus exigencias y manías, convocó en 1990 una rueda de prensa y confesó que el grupo no había cantado ni una sola nota en ninguno de sus discos. Y la bomba estalló. El escándalo impactó a todo el mundo. Milli Vanilli fue obligado a devolver el Grammy que ganaron el año anterior. Hecho insólito, pues nunca antes había ocurrido algo similar. Obviamente se les rescindió el contrato. E incluso la compañía y distribuidora de sus discos se comprometió a indemnizar a aquellos que habían gastado sus cuartos comprando un vinilo del grupo o asistiendo a sus conciertos. Comenzó así su descenso a los infiernos.

En 1993, Pilatus y Morvan se reagrupan bajo el nombre ‘Rob y Fab’, en un intento por demostrar que ellos podían cantar. Que no eran simples caras bonitas y que tenían mucho que decir en la industria musical. Que habían sido las víctimas del tirano Farian, que nunca les dejó expresarse, pero que en realidad sabían lo que era un Do. Sin embargo, su credibilidad no estaba como para echar cohetes. Se les seguía viendo como los farsantes que intentaron venderle la moto a todo el mundo. Como los cantantes mudos. Como dos estafadores. Como un fraude. Y el disco sólo vendió las copias que se dignaron a comprar sus familiares y amigos. Fue un desastre descomunal.

Desde entonces Pilatus no levantó cabeza. Inmerso en una rueda de drogadicción y violencia, fue detenido en innumerables ocasiones por asaltos, vandalismo, posesión de drogas… Esa espiral de autodestrucción culminó en el año 1998, cuando fue encontrado en un hotel de Frankfurt con una sobredosis de cocaína y alcohol. No pudo afrontar el hecho de ser una estrella caída.

Por su parte, Morvan dio un giro surrealista a su vida. Decidió que, para pagar las facturas y sus clases de canto, se metería a profesor de francés en una escuela de idiomas. Los alumnos debían alucinar al comprobar que su profesor era el ex-Milli Vanilli. Y el cachondeo debía ser generalizado. Lo cual no pareció afectar en nada a Morvan, porque al poco tiempo comenzó a cantar en pequeños pubs de Los Ángeles. Y ahí sigue. Intentando que las discográficas se fijen en él.

Ya lo decía la profesora sargento del bastón. La fama cuesta.

miércoles, 15 de diciembre de 2010.
 
El tamaño no importa
Fernando Núñez
Eso es lo que debieron pensar Toni Tomàs y Carles Porta cuando decidieron poner en marcha su proyecto Puck Cinema Caravana. Y es que estos dos apasionados de la animación tienen el honor de ser los dueños del cine más pequeño del mundo, con capacidad para siete espectadores. Un cine ambulante que propone una experiencia sensorial para aquellos que tengan la fortuna de toparse con él.

El proyecto surgió como respuesta a la falta de distribución y difusión popular que tienen las pequeñas piezas de animación, condenadas a morir en el limitado círculo de los festivales especializados. Ante tal situación, y sin pensárselo dos veces, estos dos catalanes de espíritu aventurero compraron una vieja caravana. La reformaron. La pintaron. La convirtieron en una suerte de barraca de feria con tintes de cuento infantil. Y se echaron a la carretera para acercar al público esas obras de arte a las que el tamaño, como a ellos, no les importa.

Si uno se encuentra con Puck, esta caravana cinéfila que parece sacada directamente del imaginario de Lewis Carroll, debe aprovechar la oportunidad de disfrutar una experiencia audiovisual particular. Sin necesidad de pasar por taquilla, lo primero que encontrará el espectador es una zona de bienvenida en la que se sentirá como Alicia, pero sin el temor de que la malvada Reina de Corazones le corte la cabeza. Al contrario, un amable acomodador le recibirá con los brazos abiertos. Y le ayudará a elegir el cortometraje que quiere ver de entre los doce que componen el programa. Hay para todos los gustos y edades.

A continuación, el espectador entra en la caravana y se acomoda. Pero las apariencias engañan. Y más que una caravana parece un bosque encantado. Césped en el suelo. Troncos por asientos. Dibujos pop en las paredes. Y entonces comienza la proyección de la película elegida, que tendrá una duración de entre 4 y 10 minutos. Al acabar la sesión uno siente que ha formado parte de algo mágico. Siente que ha vuelto a ese cine de verano de rebeca y bocadillo de tortilla. Siente que en cualquier momento podría aparecer la mujer barbuda para darle un abrazo. Y cuando uno deja de sentir todas esas cosas, incluso puede saludar al proyeccionista a través de la ventana trasera de la caravana y charlar un rato con él.

En el mundo actual, donde los constantes avances tecnológicos han cambiado nuestra forma de comunicarnos, relacionarnos e incluso disfrutar del arte, se agradecen iniciativas como Puck Cinema Caravana. Iniciativas que recuperan la sencillez, el contacto, la interacción. Iniciativas que nos hacen sentirnos de nuevo como niños explorando lo desconocido. Iniciativas que nos sumergen en un nuevo campo artístico de forma divertida y original.

Son muchos los que ya han descubierto que existe vida animada más allá de Disney o Pixar. Porque Puck viaja por toda la geografía española mostrando esos universos paralelos. Trabajos con menos repercusión mediática que sus primos ricos. Pero de igual calidad, o incluso superior. Así es que ya sabéis. Si algún día. En alguna plaza. En algún bosque. En algún rincón perdido de vuestra ciudad. Puck os encuentra… Pensad que el tamaño no importa.

martes, 7 de diciembre de 2010.
 
Ñam ñam
Fernando Nuñez
Si le preguntas a un simpático y pelirrojo escocés sobre el Haggis (no es imprescindible que toque la gaita ni que vaya vestido con el kilt tradicional, pero si es así, lo cual supone que tendrá el culo y las bolas al aire, pues mejor que mejor, por aquello de vivir lo típico del país), seguramente se pitorreará de ti. Te tomará el pelo como a un primo. Y te contará una milonga sobre un extraño animalillo que vive en las montañas rocosas de las Highlands, con un ligero desnivel entre sus miembros para adaptarse mejor al terreno. También te contará que para cazarlo tendrás que llevarlo a una superficie plana, donde el pobre bichillo, patizambo como es, tendrá todas las de perder. Y que una vez cazado, y cocinado debidamente, resulta ser un estupendo plato. El plato típico escocés.

¡Mentira cochina!
No le hagas ni caso. Los scottish, que son unos cachondones. Lo cierto es que el Haggis sí es el plato típico escocés. Pero lo del monstruito de la montaña… Una mera invención para reírse de los turistas.

Aunque puedes encontrarlo a diario en el menú de cualquier pub, restaurante o hamburguesería, lo normal para los escoceses es comerlo en las grandes celebraciones. Y la reina de todas ellas se llama La Noche de Burns, fiesta que tiene lugar el 25 de Enero y que conmemora el nacimiento del poeta Robert Burns (1759-1796). Cuando les preguntan a los escoceses por qué celebran el nacimiento de un hombre que murió hace tantos años, vuelven a sacar su peculiar humor. Dicen que si se celebra el nacimiento de un tipo que murió hace siglos y siglos y más siglos (véase Jesús de Nazaret) por qué ellos no iban a celebrar el día en el que nació su más conocido poeta y que, dicho sea de paso, murió hace menos tiempo que el otro. También dicen que este señor predicaba la comunión entre todos los seres humanos, algo que es muy de celebrar. Y por último, y sin inmutarse, te sueltan que en el fondo cualquier excusa es buena, pues un escocés que se precie nunca le hace ascos a una fiesta. Ay, viciosillos…

Esa noche, La Noche de Burns, la cena tiene como base y plato principal a mi querido Haggis, aunque se suelen degustar otras exquisiteces como Powsowdie (caldo de cabeza de oveja) o Cabie-claw (bacalao seco con salsa de rábano picante y huevo). Antes de abandonarse al pecado de la gula se suele leer el poema que este señor le dedicó al plato que nos ocupa. Y después… ¡A beber pintas y whisky como condenados! Si es que se lo montan muy bien estos pelirrojos.

El Haggis es, por así decirlo, como una buena morcilla de Burgos, pero más grande, más gorda y regada con el rico whisky escocés. Según la tradición, no debes saber qué contiene hasta que lo hayas probado, por si te mueres del asco y te entran ganas de vomitar. Yo no tuve esa suerte. Y como soy un poco cabroncete, no voy a dejar que tú la tengas tampoco. No sólo te voy a contar de qué está hecho el sabroso Haggis. No. Es que te voy a dar la receta para que, delantal en ristre, lo hagas con tus propias manitas en casa.

HAGGIS
Ingredientes (4-6 personas).
- Bolsa del estómago del cordero.
- 175g de harina de avena.
- 2 cebollas.
- 175g de sebo de cordero en tiras.
- Sal.
- Pimienta.
- Nuez moscada.
La receta paso a paso
- Se pone el hígado, el pulmón y el corazón en una cacerola con agua fría y se deja que hierva durante 5 minutos. Se escurren y se reservan. También se reservan 5 cucharadas de la cocción resultante.

- La harina de avena se coloca en una bandeja y se pone a tostar en el horno, moviéndola a menudo, y con garbo, hasta que tome un color castaño.

- Se ponen en un recipiente todos los órganos previamente cocidos junto con las cebollas bien picadas y se machacan sin piedad hasta obtener una pasta compacta. Se añaden la harina de avena, el cordero desmenuzado, el sebo, la sal, la nuez moscada y el líquido resultante de la cocción, en lo que podríamos llamar como la gran party de la casquería. Se sigue machacando y mezclando sin piedad. Perdón, corderito. Es lo que tiene eso de la cadena alimenticia… Pero sin malos rollos, ¿eh?

- Se rellena la bolsa del estómago del cordero con la pasta resultante. Se cose, anuda o grapa (según las circunstancias), para evitar cualquier escape indeseado.

- Se cuece al baño maría durante tres horas, rellenando el recipiente de agua cuando lo necesite. Aplicar la lógica, vaya.

- Servir cortado en rodajas o desmenuzado, al gusto del consumidor. Eso sí, siempre regado con whisky escocés y acompañado de puré de patata, boniato o calabaza.

¿Cómo se te ha quedado el cuerpo? He de decir, en defensa de mi amado Haggis, que está realmente delicioso. Si te abstraes de los ingredientes que lo componen y del posible perjuicio para tu nivel de colesterol, te aseguro que disfrutarás con este platillo de lo lindo. Yo me declaro fan absoluto. ¡A cocinar se ha dicho!

miércoles, 1 de diciembre de 2010.
 
 
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