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Fernando Jáuregui |
FIRMA DE OPINIÓN |
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La semana política | |
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Fernando Jáuregui nació en 1950 en Santander y estudió Derecho y Periodismo en Madrid. Lleva 32 años dedicado a tareas informativas, habiendo desempeñado diversos cargos en Europa Press, Informaciones, Diario 16, El País, El Periódico, El Independiente, Ya y El Correo. En la actualidad colabora en ABC y en Colpisa, y dirige la revista Más-Más y los sitios digitales Ocio Crítico, Diario Crítico y Diario Hispanoargentino. Ha sido corresponsal de EFE en Naciones Unidas (Ginebra), de Pyresa y de otros medios en Lisboa durante la revolución de los claveles. En radio ha colaborado con COPE, RNE y actualmente con Onda Cero. También colabora en Telemadrid y Telecinco, donde ha sido subdirector de Informativos y director del programa 'Mesa de Redacción'. Ha publicado 18 libros sobre actualidad e historia contemporánea, el último de ellos 'Cinco horas y toda una vida con Fraga'. Fue directivo de la Asociación de la Prensa de Madrid y ahora es miembro de la directiva del Club Internacional de Prensa. Ha sido subjefe de prensa del Ministerio de Hacienda (con el ministro Jaime García Añoveros), director de comunicación del Ayuntamiento de Madrid (con el alcalde Juan Barranco) y director general de comunicación de la ONCE.
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| ÚLTIMOS 5 TEXTOS PUBLICADOS |
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| La calidad de los políticos que conocemos |
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| Que alguien como McCain haya elegido a alguien como Sarah Palin como candidata nada menos que a la vicepresidencia de los Estados Unidos me hace volver a meditar acerca de la calidad de estos políticos que rigen el mundo. Ya sé que, tras George Bush, nada debería sorprendernos, pero qué quieren ustedes, lo de la señora Palin me tiene todavía algo traspuesto: todas sus fotografías, por ejemplo, están dedicadas a la caza, y ninguna a la lectura de un libro. Me recuerda al Putin cazador de tigres: qué curioso es esto de ver a los poderosos del mundo rifle en mano. |
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Que alguien como McCain haya elegido a alguien como Sarah Palin como candidata nada menos que a la vicepresidencia de los Estados Unidos me hace volver a meditar acerca de la calidad de estos políticos que rigen el mundo. Ya sé que, tras George Bush, nada debería sorprendernos, pero qué quieren ustedes, lo de la señora Palin me tiene todavía algo traspuesto: todas sus fotografías, por ejemplo, están dedicadas a la caza, y ninguna a la lectura de un libro. Me recuerda al Putin cazador de tigres: qué curioso es esto de ver a los poderosos del mundo rifle en mano.
Claro que también teníamos a gentes como Berlusconi, toda una gema en su especie. Incluso al mismísimo Sarkozy, que no me negarán que no es precisamente un político convencional. O, en América Latina, una gama de dirigentes políticos de variopinta condición, pero todos ellos pertenecientes a la subespecie de "más bien raros": Chávez, Correa, Cristina Kirchner, el propio Evo...
Así que casi empiezo a reconciliarme con la clase política española, tan poco brillante en general, pero donde apenas alguna ministra esotérica sería capaz de rivalizar con los antedichos. No, definitivamente no tenemos a alguien con la fuerza racial de Palin, y hasta me produce lástima cuando algún/a pelota, tratando de congraciarse con algún/a político/a, nos dice que va llegando la hora de que una mujer "dura", sin complejos ideológicos, llegue al poder en este país nuestro. Yo, la verdad, a los palin de este mundo los dejaría tranquilos/as en Alaska, para terror de osos y alces y para solaz del resto del mundo. Por favor.
| | Lunes 8 de septiembre de 2008 |
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| Jugando con las cosas de comer |
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| La semana que comienza va a estar marcada oficialmente por dos hitos: la culminación de la "renovación" del Consejo del Poder Judicial y el debate sobre política económica en el Parlamento, con la comparecencia estelar de José Luis Rodríguez Zapatero. Dos temas clave, muy presentes en la conciencia de las gentes, que viven las deficiencias del funcionamiento de nuestra justicia y soportan la mala marcha de un proceso económico que tiene boquetes globales, pero también algunos agujeros nacionales. |
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La semana que comienza va a estar marcada oficialmente por dos hitos: la culminación de la "renovación" del Consejo del Poder Judicial y el debate sobre política económica en el Parlamento, con la comparecencia estelar de José Luis Rodríguez Zapatero. Dos temas clave, muy presentes en la conciencia de las gentes, que viven las deficiencias del funcionamiento de nuestra justicia y soportan la mala marcha de un proceso económico que tiene boquetes globales, pero también algunos agujeros nacionales.
No valen ya cuestiones secundarias, maniobras de distracción, ministras y ministros anunciando nuevas legislaciones sobre aborto o sobre eutanasia, por mucho que ambos temas tengan -y tendrán en su momento- importancia: esta semana toca hablar, y resolver, sobre jueces y economía. Casi nada: estamos entrando en las cosas de comer, y con eso ya se sabe que no se juega. O no se debería jugar.
Tengo para mí que lo de la renovación del Consejo, que lleva atrasándose ya casi dos años, va a conllevar más de lo mismo, y que algo semejante ocurrirá con el debate parlamentario sobre economía. En el primer caso, lo que trasciende es que los nombres de los jueces que proponen los partidos para sustituir a los que se marchan siguen respondiendo a unos ciertos criterios de afinidad política, si es que no de obediencia a parámetros políticos partidistas. Es decir, que los socialistas proponen a los "suyos", y los "populares", lo mismo (y los nacionalistas, ídem). ¿Se perderá la oportunidad de hacer un gobierno de los jueces, nada menos que el tercer poder de Montesquieu, independiente del poder Ejecutivo? Mucho me temo que sí.
Y algo semejante por lo que respecta al gran debate económico de la semana: da la impresión de que han prevalecido -como era lógico- los asesores monclovitas que recomiendan a Zapatero que limite al máximo las apreciaciones pesimistas acerca de la marcha de la economía; parecería, en efecto, inconveniente que el presidente fuese el primero en activar los juegos de la crisis. La tesis oficial sigue siendo la de que, a mediados del año próximo, es decir, dentro de diez meses, la mala racha habrá pasado. Y eso es algo que, presumiblemente, repetirá Zapatero el miércoles en su comparecencia parlamentaria, en la que va a ser zarandeado sin piedad por todos los grupos parlamentarios, excepto, por supuesto, el suyo.
Ocurre, sin embargo, que la línea continuista, prudente, conviene ahora menos a Zapatero que a Mariano Rajoy, que solamente tiene que aguardar a que los errores y el desgaste del poder pasen factura a los actuales gobernantes. Yo diría que ZP está en horas algo bajas, con las ideas recortadas. Claro que aún le queda mucha legislatura por delante, pero, hoy por hoy, se advierte -ayer era perceptible en los pasillos del Congreso de los socialistas madrileños, por ejemplo- algo así como una cierta merma en el entusiasmo de las filas del PSOE. Y pienso que esta semana va a notarse, de nuevo, la necesidad de un nuevo impulso desde quien ostenta el máximo poder político. Pero ya digo: estamos abordando las cosas de comer y ya se ve que, llegando a esos terrenos, ZP no quiere alegrías ni experimentos sin gaseosa.
| | Domingo 7 de septiembre de 2008 |
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| Carta a Rafa Nadal |
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| Aquí, tus compatriotas, somos gentes extremas: todo bicho viviente nos parece criticable, mal. Nos reservamos para los elogios en el momento de las exequias, cuando el muerto ya no es competencia. Son muy pocos los que logran atravesar esta barrera implacable. Tú, Rafael Nadal, que me parece que acabas de cumplir los 22 años, lo has conseguido. Casi un niño, aunque tu aspecto fortalecido lo intente desmentir. Y, cuando la barrera se atraviesa, el héroe se convierte en inatacable. |
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Aquí, tus compatriotas, somos gentes extremas: todo bicho viviente nos parece criticable, mal. Nos reservamos para los elogios en el momento de las exequias, cuando el muerto ya no es competencia. Son muy pocos los que logran atravesar esta barrera implacable. Tú, Rafael Nadal, que me parece que acabas de cumplir los 22 años, lo has conseguido. Casi un niño, aunque tu aspecto fortalecido lo intente desmentir. Y, cuando la barrera se atraviesa, el héroe se convierte en inatacable.
España es un país que ahora necesita crear superhombres. No solamente en lo físico, sino también en cuanto a categoría moral. Superhombres éticos y estéticos para hacernos olvidar las miserias del regreso a las angustias de la crisis económica, la pendiente de la cuesta de septiembre, la incuria de gobernantes (y de los gobernados). Contigo, Rafa Nadal, lo hemos encontrado: todas las medallas, todos los triunfos, todos los premios, para tí.
Celebro mucho que te hayan dado el premio Príncipe de Asturias, que es lo más que aquí se puede dar. Sin duda, lo mereces porque eres un fuera de serie en lo técnico y buena gente en lo humano. Muy buena gente, me parece. Un gran chaval. Nadal, un chaval que va bien cuando todo lo demás, mal. Menudo eslogan, ¿eh?
Pero te lo advierto: antes que tú fue Manolo Santana. Y luego, Indurain. Y en medio, Serrat. O Mari Trini. O Luis Aragonés, o Bardem, o El Juli, yo qué sé. Lo que quiero decir es que España es un país que ama sin límites a sus mejores deportistas, cantantes, toreros, poetas o actores. Hasta que decide dejarlos caer. De pronto un día pierdes un partido, o te casas con la chica equivocada. O decides retirarte antes de tiempo o irte a vivir a Costa Rica. O te sale un competidor que en ese momento se ve más beneficiado que tú por la caprichosa veleta del frívolo viento del calor popular, sin que tú entiendas por qué. No es para angustiarse: nadie lo entiende.
Entonces, la fortaleza necesaria para saber recibir el elogio inmoderado cuando estas en la cumbre no será nada en comparación con la que necesitarás para lamerte las heridas. O para evitar la tentación de convertirte en un juguete roto. Acuérdate, pues, de que eres mortal: es lo que les decían a los aurigas victoriosos mientras acudían a la tribuna del circo a recibir su premio. Y los cementerios están llenos de personas a las que un día llamaron inmortales. Enhorabuena, en todo caso, por esas victorias y esos premios, tan frecuentes, tan valiosos, tan merecidos.
| | Jueves 4 de septiembre de 2008 |
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| Un poco más de simpatía, presidente |
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| Llegó Zapatero al poder hablando de talante. Y lo puso en práctica: su gobierno era, y es, mucho más simpático que el que presidió José María Aznar (tampoco era tan difícil, la verdad). Pero ocurre que me parece que ese talante de ZP se está desviando hacia los alegres reportajes montañeros y se convierte en frialdad cuando se trata de reaccionar ante la tragedia que vive medio millón de personas que han perdido su empleo en los últimos seis meses. "Un mal dato" no es la reacción que se espera del presidente del gobierno de todos cuando nos anuncian que, solamente en agosto, más de cien mil personas se han quedado sin trabajo. Es algo más que un mal dato: es un drama para todas esas gentes como usted, como ZP, como yo, con nombres, cara y ojos, con aspiraciones e ilusiones. |
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Llegó Zapatero al poder hablando de talante. Y lo puso en práctica: su gobierno era, y es, mucho más simpático que el que presidió José María Aznar (tampoco era tan difícil, la verdad). Pero ocurre que me parece que ese talante de ZP se está desviando hacia los alegres reportajes montañeros y se convierte en frialdad cuando se trata de reaccionar ante la tragedia que vive medio millón de personas que han perdido su empleo en los últimos seis meses. "Un mal dato" no es la reacción que se espera del presidente del gobierno de todos cuando nos anuncian que, solamente en agosto, más de cien mil personas se han quedado sin trabajo. Es algo más que un mal dato: es un drama para todas esas gentes como usted, como ZP, como yo, con nombres, cara y ojos, con aspiraciones e ilusiones.
Y no, no es verdad que pueda ahora decirse, como ha hecho José Blanco, que al fin y al cabo es el "número dos" del PSOE, que la mayoría de los españoles vive "muy bien", aunque haya "algunos casos", como si medio millón fuesen apenas excepciones aisladas, en los que no es así. Ni siquiera discuto si la mayor parte de los españoles tiene recursos sobrados para seguir viviendo "como antes" o no; puede que sí. El problema acaso sea otro, más profundo. Nuestros gobernantes se han instalado en un "statu quo" rosáceo y se niegan a ver la parte oscura de la película, que a ellos les gusta, cómo no, a todo color.
Conste que entiendo perfectamente que desde el poder no se pueden cargar las tintas ni las dosis de catastrofismo: la crisis se agrava cuando existe sensación de crisis. Pero una cosa es mantener una actitud de cautela y otra, muy diferente, contemplar a ese ejército de nuevos parados como un "mal dato" molesto que ensucia el límpido horizonte dorado. Me decía Adolfo Suárez, cuando acababa de abandonar la presidencia, que es complicado identificarse con los agobios del tráfico cuando todo lo ves desde el helicóptero. A eso, precisamente a eso, ha dado en llamarse "síndrome de La Moncloa", señor presidente. El peor síndrome posible para quien soporta la mayor responsabilidad de la cosa pública.
| | Miércoles 3 de septiembre de 2008 |
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| Mirando hacia atrás quién sabe si con ira |
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| Supongo que casi todos tienen en su árbol genealógico algún muerto en la guerra civil y pienso que son muchos los que habrán llorado amargamente por algún episodio ocurrido en la feroz represión ocurrida tras la contienda. Porque represión hubo, y feroz, y, para colmo, nos fue escamoteada cuando a los niños que crecimos en el régimen anterior nos explicaron aquellos años azarosos. Setenta y tres años ya... |
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Supongo que casi todos tienen en su árbol genealógico algún muerto en la guerra civil y pienso que son muchos los que habrán llorado amargamente por algún episodio ocurrido en la feroz represión ocurrida tras la contienda. Porque represión hubo, y feroz, y, para colmo, nos fue escamoteada cuando a los niños que crecimos en el régimen anterior nos explicaron aquellos años azarosos. Setenta y tres años ya...
Hemos vivida estas décadas casi con el compromiso tácito de no desenterrarnos aquellos muertos, quizá para propiciar una reconciliación difícil; no es tarea sencilla recuperarse de una lucha fratricida en la que ambos bandos cometieron tantos horrores y, menos aún, convalecer de una posguerra en la que sobre los vencidos no cayó solamente la cruz de quién escribiría la Historia: el franquismo se encargó de escribirla y de que quienes perdieron fuesen muy conscientes de ello.
Pero la historia de los pueblos se alza sobre el perdón y, qué remedio a veces, sobre el olvido. La Historia no puede olvidarse, ya se sabe que para que no se repita. Pero tampoco conviene echársela a nadie a la cabeza.
Claro que hablo sobre esa irrupción de Baltasar Garzón -pero qué instinto periodístico tiene este juez, tan certero a la hora de saber qué noticia crear para hacer ruido- en la investigación de los "desaparecidos" en la guerra civil. No son desaparecidos -fuera eufemismos-, sino, simplemente, liquidados. Existen archivos de fusilados, de muertos de hambre en las cárceles, que se nos negaron durante años y que la inercia, la incuria o ese ya mentado deseo de no escarbar en el dolor, han hecho que permanezcan ahí, como vergonzoso testimonio de lo que nunca debió ser.
Creo que la gente tiene derecho a saber por qué sinrazón murió algún ser querido. No estoy tan seguro, empero, de que ahora convenga mucho a la estabilidad emocional colectiva ponerse a buscar en el cúmulo de los horrores, tan celosamente guardado por instituciones y colectivos a los que la verdad oficial obligaba a tapar la verdad real. Creo que la tarea emprendida por Garzón, partiendo de la iniciativa de la ley de memoria histórica, puede ser una reparación, aunque tardía: solamente un juez como él puede emprender una empresa así.
Me parece, pues, procedente avanzar en la tarea. Pero con mucha cautela. Para que que la investigación no se convierta en un nuevo episodio del cainismo nacional. ¿Lo sabrá evitar Baltasar Garzón? Y, más importante: ¿lo sabremos evitar todos, comenzando por aquellos a quienes la iniciativa del juez tanto ha escandalizado?
| | Martes 2 de septiembre de 2008 |
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