Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Fausto Antonio Ramírez
Fausto Antonio Ramírez
No son pocas las voces de los obispos repartidos por la cristiandad que critican duramente las decisiones que el Papa toma de manera personal

Un problema no resuelto todavía, surgido a raíz del Concilio Vaticano II, es el de la relación existente entre el primado del Papa, como legislador universal de toda la Iglesia, y el poder que compete al episcopado universal, igualmente dotado de la misma autoridad.


Todos sabemos que cuando el Papa actúa solo, lo hace siempre como cabeza, no solo de la Iglesia, sino del episcopado universal, ya que si así no fuera, el episcopado estaría reducido a un órgano únicamente consultivo. Del mismo modo, cuando el episcopado se pronuncia como colegio, siempre lo hace contando con el Papa y bajo su autoridad suprema, puesto que no es un órgano independiente del Papa y que pueda actuar por encima de su autoridad.


Esta es la teoría, o mejor dicho la eclesiología que dimana del Concilio Vaticano II, pero no por ello exenta de dificultades. En realidad, los problemas se plantean más a menudo de lo que nos imaginamos, como lo es cada vez que el Papa convoca un Sínodo de obispos.


Ciertamente, un Sínodo de obispos no es un Concilio Universal, es decir que no tiene ni el derecho ni la autoridad que tiene el segundo. Los Sínodos de obispos, a raíz del Concilio Vaticano II, se plantean como reuniones consultivas de obispos que asesoran o informan al Papa sobre algunos temas para los que pide asesoramiento. Sin embargo, en un Concilio, los obispos sí que son legisladores y deliberadores junto al Papa.


Expuesta la problemática, la cuestión que planteo es si el episcopado universal solo puede ejercer su autoridad suprema dentro de un Concilio. Dicho de otro modo: mientras no se convoque un nuevo Concilio, los obispos constituidos en colegio, en la práctica, no pueden ejercer su autoridad. Es más, las opiniones que el Papa recibe de ellos solo son eso: opiniones. Y la autoridad de los obispos se limita a las de sus diócesis, de las que sí son pastores supremos.


El Papa puede ejercer su poder supremo de manera individual o colegialmente. La eclesiología le obliga “moralmente” a ejercerlo a través del colegio episcopal del que él forma parte y es cabeza al mismo tiempo. Pero si esto solo ocurre en el momento de un Concilio, ciertamente, su autoridad moral queda seriamente dañada. Ya estamos muy acostumbrados a la publicación de Motus Propios que, sin negar que hayan nacido de alguna consulta a otros obispos del mundo, no dejan de ser decisiones unilaterales del Romano Pontífice, pero no de la Universalidad de todo el episcopado, y eso no es bueno ni para el Papa ni para la Iglesia en general.


Claramente, se puede afirmar que el Papa, actualmente no ejerce su autoridad, de hecho y de derecho, en constante unión con el episcopado universal. De hecho, no son pocas las voces de unos y otros obispos repartidos por la cristiandad que critican duramente las decisiones del Papa que él mismo toma de manera personal.


Como posibles soluciones a la excesiva romanización del poder de la Iglesia se podría plantear lo del voto deliberativo de los Sínodos de obispos o la revisión, que de hecho no está cerrada en el derecho canónico, de la práctica actual que sigue la Iglesia para el nombramiento de los obispos, que no está limitada a la decisión del Papa.


Estos son solo algunos apuntes por donde la Iglesia podría empezar a caminar para hacerse más abierta y participativa, si realmente quiere seguir manteniendo el calificativo de Universal. 

Artículos del autor

Aquella hermosa esperanza empezó a desvanecerse a raíz de la muerte de Juan Pablo I, el Papa de la sonrisa, dando paso a un período duro, oscuro y difícil que dista mucho de los primeros albores entusiastas y progresistas de los años posteriores al Concilio.

Partimos de un principio incuestionable: la libertad de emigrar y de inmigrar es un derecho fundamental del hombre. Cualquier persona en el mundo tiene derecho a ofrecer sus servicios de trabajo, en cualquier lugar del planeta.

Desde el asunto del barco Aquarius que Italia se negó acoger en sus puertos, y que España tuvo que salir al quite, llevando a los emigrantes al puerto de Valencia, la cuestión de la entrada en Europa de flujos de población procedentes de otros países se ha convertido en un asunto de rabiosa actualidad.
La puesta en libertad de la "Manada" por parte de los jueces, vuelve a provocar un aluvión de reacciones populares que claman justicia e incluso venganza. Las reacciones se multiplican en dos sentidos
​La solidaridad es una de esas palabras que todos empleamos a diestro y siniestro, pero sin saber realmente a qué nos estamos refiriendo, o más bien, sabiendo que la estamos empleando para meter todo aquello que no tiene cabida en otra parte.
​Todos sabemos que la lengua es el producto de una sociedad, y también el reflejo de las relaciones sociales. La ortografía no tiene por qué mostrar la responsabilidad que todos tenemos con relación a las relaciones que establecemos entre hombres y mujeres.
​A menudo solemos confundir la necesidad de comunicarse con la necesidad de expresarse. Sin embargo, expresarse no implica siempre una voluntad de comunicación entre dos o varias personas, ni entre un líder político y su grupo parlamentario, y los contrarios.
​Después de los años de dictadura, la Iglesia española vio cómo el marco social y político en el que durante casi cuarenta años había estado unida al poder se desmoronaba, dando lugar a nuevas estrategias sobre las que apoyarse para influir política y moralmente en la sociedad.
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris