Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos El Viajero Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Festival del vino 2016 - D. O. Somontano
Emilio Amezcua

Nacido en Madrid, ha residido en diferentes lugares de la península Ibérica por razones familiares. Licenciado en Derecho por la Universitat de València - Estudi General con Premio Extraordinario Fin de Carrera y Técnico Urbanista por el INAP, es Letrado adscrito al Ilustre Colegio de Abogados de Valencia en situación de colegiado ejerciente. Primero y durante más de cinco años fue empleado público en el ámbito de la Administración autonómica valenciana trabajando expedientes de contratación pública, tributos municipales, suelo y vivienda.


Más tarde vivió la experiencia de expatriado en Guinea Ecuatorial asumiendo funciones de director de recursos humanos y asesoría jurídica en empresas relacionadas con el arrendamiento de vehículos y la gestión inmobiliaria. Y después de colaborar con despachos de abogados de diferente tamaño, ahora asume el rol de emprendedor encabezando su propia firma en el sector de la abogacía. Imparte clases y gusta escribir sobre temas jurídicos y otros que no lo son en divulgaciones científicas y otras publicaciones.


Galardonado con varios premios por investigaciones jurídicas, en estos momentos prepara su tesis doctoral.



Email: eamezcua@icav.es
Emilio Amezcua
Últimos textos publicados
Cohesión en un 75 aniversario
No sabemos si los próximos turrones nos los comeremos o no con la certidumbre de un Gobierno factible
Acariciando el remate del verano, apenas nos damos cuenta que encaramos ya la recta final de este año en funciones. A medida que el pulso entre las horas de luz natural y luz artificial vaya siendo ganado por las compañías eléctricas estimuladoras de nuestros bolsillos, y conforme suceda el retorno a nuestros quehaceres relajantes, nos mostraremos más sombríos y autómatas. Quizá el reproductor de recuerdos que mora ahí arriba en la cocota alivie el peso de nuestras ocupaciones regalándonos felices testimonios de memoria con origen en una circunstancia vivida personalmente o una efeméride conmemorada, solemne o sencillamente, en días de calor y júbilo como los que anuncian ya su término. Con empecinamiento se nos dice -y decimos a los demás- que hemos de mirar siempre al futuro, pero conviene no perder de vista la trascendencia de acontecimientos notables pasados y el significado de la celebración de su aniversario ahora.

Al margen de que este 2016 acabe siendo el año de la pantomima política, este 2016 es el año del setenta y cinco aniversario para muchos colectivos congregados en torno a un signo material o espiritual. Rebobinar el carrete mental tres cuartos de siglo sitúa a nuestros queridos octogenarios que preservan su conciencia lúcida, y a los de mayor edad en iguales condiciones, en un terreno yermo, raso y desabrigado en valores y sentimientos fraternales. Quienes somos jóvenes y menos jóvenes sabemos de la España de 1941 por lo que hemos visto, leído o escuchado según nuestro mayor o menos interés en ese espacio-tiempo. De aquella España con sus desdichados vencidos y vencedores, de aquella España con sus ignominiosas cartillas de racionamiento y prácticas especulativas del estraperlo, de aquella España con sus innumerables penurias y su asombrosa resiliencia para sobreponerse a las adversidades del momento, hemos recibido enormes provechos que nos han hecho mejores en todo este período. Cuando escribo este artículo pienso en el setenta y cinco aniversario de una empresa de ferrocarriles, una firma de grandes almacenes, un despacho de abogados y, con especial cariño y respeto, en una imagen de culto católico. Aun a riesgo de encontrarme con críticas por referirme a elementos inconexos, señalaré que todos ellos han reportado valiosos frutos para con cada uno de nosotros y la sociedad de la que formamos parte, que resumo en una palabra: cohesión. Renfe ha vertebrado nuestro territorio salpicado de cordilleras montañosas, llanuras y depresiones, con ríos o sin ellos, a través del ferrocarril, un medio de transporte que avanza con paso firme en el objetivo de la movilidad sostenible y que suma cada vez más usuarios a medida que el coche y el avión traslucen sus desventajas. El Corte Inglés ha hecho accesible la moda en vestimenta y calzado a personas de diferentes edades, preferencias y poder adquisitivo, introduciendo pioneramente las rebajas de temporada en sus establecimientos, un modelo de negocio que revoluciona continuamente el escaparatismo, la compra electrónica y el pago de las adquisiciones a plazos. Garrigues (en sus inicios, J&A Garrigues) ha posibilitado el desembarco jurídico y tangible de un importante número de compañías extranjeras en nuestro país, con la consecuente generación de puestos de trabajo y riqueza contribuyendo así a la aparición de una clase media trabajadora sustentadora del PIB nacional que, previamente y por razón de las necesidades del servicio de las empresas arribadas, emprendió el camino de la formación para aumentar sus posibilidades de empleabilidad y carrera profesional.

Por cercanía y devoción, mención especial me merece la evocadora imagen del Cristo de los Afligidos que llegó a la localidad de Riba-roja de Túria procedente de la ciudad de Valencia hace setenta y cinco años. Llamada a reemplazar el vacío material dejado por la imagen anterior destruida durante la Guerra Civil, la figura que ocupa un lugar preeminente en la parroquia Asunción de Nuestra Señora ha demostrado ser un auténtico motor cohesionador en el municipio. Prueba de ello son las fiestas que, organizadas en su honor, hoy -día de la Exaltación de la Cruz- concluyen con un excelente sabor de espíritu. El Cristo de Riba-roja de Túria ha transmitido un exuberante caudal de energía a sus vecinos y los de los municipios próximos, amigos todos. Esa energía se ha dejado notar en el esfuerzo, en la participación, en el interés de centenares de personas que, aparcando sus distintas afinidades y prioridades, han sacado adelante exitosamente un programa de actos con la imagen religiosa local como cabecera del mismo. Emociona afirmar que la ciudadanía de Riba-roja de Túria es acogedora, bien avenida, generosa, comprometida con lo que se le propone, y muy exigente consigo misma.

No sabemos si los próximos turrones nos los comeremos o no con la certidumbre de un Gobierno factible vista la desfachatez de la clase política que venimos aguantando con gran entereza. Pero muy probablemente saboreemos esas dulces tabletas rememorando los deliciosos momentos vividos en este 2016, con ocasión de la participación en un aniversario sentido desde la entrega absoluta. Sin perjuicio de que entonces recibamos más o menos regalos navideños comprados en El Corte Inglés y alguno de nosotros tenga el pensamiento puesto en un placentero viaje en un tren hotel de los operados por Renfe, no descuidemos la unión trabada con motivo de una celebración dejando que se consuma de forma rápida y desapercibida como un día de otoño, para acordarnos pasajeramente de ella en la mesa vestida de Navidad. Que al final de año vivamos esa cohesión humana tan intensamente como la experimentamos a pocas horas de ver al Cristo de los Afligidos en procesión por las calles de Riba-roja de Túria. Y si para el ocaso de este año todo sigue igual en cuanto a la política nacional, será cuestión de ir preguntando a los letrados de Garrigues si esta inédita situación tiene solución jurídica idónea.
miércoles, 14 de septiembre de 2016.
 
¿Qué le apetece tomar?
Nuestra existencia es áspera y nuestro ser ciñe con los brazos la compostura, la delicadeza y la confianza halladas en el buen camarero
Apenas pasan unos minutos de las cuatro de la tarde cuando mis acompañantes de origen galo y yo tenemos la inmensa fortuna de tomar asiento en el interior de un restaurante de la costa valenciana. Hasta llegar a este lugar antes intentamos encontrar mesa libre en otros establecimientos pero en ningún caso la suerte nos sonrió. Del local que nos ha acogido podría referir una retahíla interminable de adjetivos bondadosos concernientes a su luminosidad, limpieza, espaciosidad y, por supuesto, carta gastronómica. Sin embargo, apetecible es el calificativo que mejor define este sitio. ¿Por qué me preguntarán ustedes? Por la enorme profesionalidad y generosidad de sus camareros, mayormente.

Nuestro camarero se llama Ángel, no alcanza los treinta años de edad y según nos ha comentado procede de una localidad cercana a Soria. Todavía no nos ha preguntado qué deseamos tomar y ya se ha ganado nuestra admiración por su carácter afable, sus excelentes modales y su equilibrado sentido del humor demostrados en el recorrido comprendido entre la puerta de acceso al salón de la planta superior y la mesa que nos aguarda junto a una delgada terraza con vistas al Mediterráneo en vivo. Coincidirán conmigo en que un recibimiento así esfuma el cansancio e incita la conversación. Mejor comienzo, inimaginable. Una vez sentados, Ángel apunta las especialidades de la casa invitándonos a observar la carta con suficiente detalle. La presentación es esmerada y sugerente. La oferta de productos es variadísima. Los precios son razonables. Si le preguntamos por platos o ingredientes que desconocemos, se deshace en concisas y vistosas explicaciones. Si le pedimos recomendación, alude a las preferencias de Matilde y Vicente, los propietarios del restaurante que trabajan en una cocina sabia y experimentada, también joven e ilusionante. Las anotaciones de la comanda dejan traslucir la nobleza de ánimo, el tesón, el buen hacer y la simpatía de nuestro querido Ángel. El servicio prestado es inconmensurable se mire por donde se mire, pues el profesional venido de los campos de Castilla que se dirige a nosotros en un perfecto español y francés como se expresara en vida y obras aquel insigne catedrático que recaló en Baeza, es un camarero vocacional y no un transportista de alimentos. Entre sus idas y venidas, quienes me acompañan y yo, congratulados por lo satisfactorio del momento, percibimos que el resto de comensales del espacioso salón comedor disfruta tanto como nosotros por razón del magnífico servicio prestado por quienes les atienden en mesas libres de preocupaciones y colmadas de muy buen rollo.

Lo anterior viene a cuento de los últimos datos de nuestro mercado laboral conocidos hace escasos días. El Ministerio dirigido por Fátima Báñez informa que el empleo de camarero es el que más crece desde el inicio de la crisis económica cuantificando en doscientos diez mil los nuevos profesionales incorporados al sector hostelero. Hay quienes coligen de esa información que España va camino de convertirse en un país de camareros. Como quiera que un camarero no es comparable a un economista auditor, un ingeniero industrial o un abogado urbanista por aquello de la baja cualificación y el escaso valor añadido, tardamos en poner el grito en el cielo para afirmar que este Estado nuestro es un territorio de categoría ínfima si lo comparamos con alguna de esas potencias mayúsculas que ahora mismo nos vienen a la cabeza. Entre los comensales del restaurante a esta hora de la tarde hay afectados por la salida a bolsa de una entidad financiera que presuntamente no aportó sus cuentas anuales verificadas cuando empezó a cotizar, hay afectados por la instalación de programas informáticos fraudulentos en sus vehículos que trucan las emisiones de partículas contaminantes, y hay afectados por construcciones declaradas ilegales pendientes de orden judicial de demolición. Por unas horas, todas estas personas y otras tantas no exentas de fatigosos problemas, estamos quedando deslumbradas por la capacidad y la aplicación rectas de los camareros en el desempeño de su actividad. Nadie nos obliga a consumir en el ámbito del local y, sin embargo, ninguno optamos por el cash and carry, últimamente take away (en fin, el paga y llévatelo de toda la vida). Nuestra existencia es áspera y nuestro ser ciñe con los brazos la compostura, la delicadeza y la confianza halladas en el buen camarero. Tras un año agotador, este estío apetece tomar sustancias saludables de mucho alimento nutritivo y, también, anímico. Intuyo que la profesionalidad de Ángel está repartida en nuestra extensa geografía. ¡Aprovechémosla! Feliz verano a todos.
lunes, 8 de agosto de 2016.
 
La maldad no reside en Dallas
De manera injusta Dallas cuelga el sambenito de ciudad malvada desde hace décadas
Parece que invertir constantemente en nuevos proyectos urbanos, tener abiertos semanalmente más de ciento sesenta museos en la zona metropolitana o trabajar incansablemente en el crecimiento de la industria local de las tecnologías de la información, no son esfuerzos meritorios suficientes para dejar de cargar con una culpa inmerecida. De manera injusta Dallas cuelga el sambenito de ciudad malvada desde hace décadas y los desafortunados hechos acontecidos allí este pasado jueves sanferminero perpetúan el castigo del desprestigio impuesto por muchos ciudadanos de memoria selectiva y recuerdos destructivos que propagan la mala fama y desprecian las virtudes.

La primera cornada recibida por Dallas en su honorable nombre sucedió cuando la muerte sorprendió al presidente JFK en ejercicio de sus funciones presidenciales. En la joven ciudad tejana, Kennedy perdió el sostén de su musculatura, sus órganos de fonación y parte de su masa encefálica en el orden en que los fatales segundo y tercer disparos dirigidos a él impactaron en su valerosa persona. La fuerza con que lucía el sol aquel sombrío viernes de noviembre de 1963 según se aprecia en las filmaciones de la época, empujó inmediatamente a la ciudad de Dallas, ciudad de bien, y a las personas de bien de esa urbe, pero también de otros muchos lugares de nuestro envalentonado y fragmentado planeta, a seguir haciendo todo lo necesario por respetar la integración racial, los derechos civiles, la paz y la justicia sociales. En filosofía platónica aprendemos que el sol, inmutable como la Idea del Bien, proporciona generación, esto es, cambio. Decía el propio Jack Kennedy que “el cambio es ley de vida, pues cualquiera que mire solamente al pasado o al presente se perderá el futuro”. Y menos mal que el terror de los hechos ocurridos en la plaza Dealey de Dallas no interrumpió nuestra convencida apuesta por el futuro, es decir, la convivencia -que no coexistencia- entre culturas. Frente a la segregación y la intolerancia nos hemos dado soluciones basadas en la justicia y la ética, algunas de las cuales estaban ya escritas en obras para niños encontradas en el edificio del depósito de libros escolares que bien pudo leer e interiorizar el perverso Lee Harvey Oswald antes de apretar el gatillo del fusil de cerrojo Carcano desde el sexto piso de la construcción naranja.

El segundo golpe dado al topónimo Dallas vino propinado por una serie de televisión homónima. Sus capítulos entretuvieron a muchas generaciones en los años 1980 con ocasión de las intrigas que se desarrollaban en el seno de la multimillonaria, poderosa e influyente familia Ewing. La infelicidad, la falta de escrúpulos, la avaricia y el ansia de poder y dinero en medio de negocios turbulentos relacionados con las explotaciones petrolífera y ganadera fueron encarnados magistralmente por Larry Hagman en el papel del pérfido J.R. ¿Quién no recuerda aquella frase lapidaria “Eres más malo que J.R.”? Sucede que la caprichosa memoria de bastantes espectadores del célebre serial extiende la villanía y la ambición del dueño de la mansión-rancho Southfork a la idiosincrasia de la ciudad de Dallas, autorepresentándose este lugar como un espacio de ambiente maquiavélico habitado por gentes repulsivas y, sin embargo, masivamente aceptadas por sus seguidores. En la ficción se echan en falta personajes afroamericanos (también latinos) que manifiesten la rica diversidad cultural de la ciudad de Dallas y su ingente trabajo en la redistribución de la renta. El tiempo de rodaje y producción era otro que nada tiene que ver con el que vivimos ahora. Pero para cuando el canal de televisión CBS se decidió por la difusión de la serie, al ayuntamiento de la ciudad de Dallas había accedido ya Anita N. Martínez como trabajadora municipal y, por otra parte, Trini Garza se había convertido en el primer hispano en formar parte de la junta directiva del Distrito Escolar de Dallas, dependiente del Departamento federal de Educación.

La tercera herida penetrante de importancia sufrida por Dallas la conocimos hace escasos días con un resultado de cinco policías muertos, siete agentes de la autoridad heridos y dos civiles también dañados por arma de fuego. Micah Xavier Johnson, el segundo francotirador de Dallas y cruzamos los dedos porque sea el último ahí o en cualquier otro punto de nuestra pequeña geografía global, justificó sus recientes delitos de sangre porque “estaba enfadado con los blancos”, siendo su intención inequívoca “matar blancos, específicamente agentes blancos” por razón de cómo habían actuado algunos policías blancos en las últimas horas dando muerte a ciudadanos negros en sendos abusos de autoridad repugnantes de principio a fin. A quienes pretendan secundar los pasos de Johnson debemos persuadirlos contagiándoles la confianza en el Estado democrático de Derecho. Sabemos que no está libre de defectos, pero nos disciplina y nos proporciona libertad y seguridad jurídicas. Eso es mucho para nosotros. La violencia no debe responderse con violencia aunque la furia se apodere de uno mientras vea imágenes de un episodio real grabado con ayuda de un dispositivo móvil, y el grado de brutalidad desplegada sea tan intenso que incite a ser juez en el asunto. Más vale un juez sujeto a las reglas del Derecho que un juez movido por su estado de ánimo.

La maldad no reside en Dallas, en absoluto. Ni la ciudad tejana se caracteriza por la perversión ni por nada parecido. En la tercera ciudad del Estado de Texas por población imperan la ley, el entendimiento y el afecto. Basta estar al corriente de cómo baptistas y metodistas cooperan entre sí pese a sus diferencias, o saber del cariño profesado al céntrico barrio Pequeño México por la inmensa área metropolitana. El estigma soportado por Dallas carece de justificación. Si las cornadas arriba apuntadas conducen a pensar en una maldad innata de la urbe dallasina, conviene apartarse de esa idea de inmediato concluyendo que ha sido una maldad accidental de esas con que el azar, siempre caprichoso, premia con reiteración sin descubrirnos porqué. O quizás se trate de un papel interpretativo asignado por el teatro de la vida. Siendo así me viene a la cabeza el malvado personaje de Hilly Holbrook desarrollado por Bryce Dallas Howard en la película “Criadas y Señoras”. En el filme, Hilly pisotea la dignidad de su asistenta negra y cuantos son como ella. En la vida, Dallas es enorme en su amor a todo y a todos.

No quiero terminar estas líneas sin apuntar que las tres embestidas punzantes infligidas al nombre de la ciudad de Dallas presentan un común denominador: el desprecio que el ser humano puede proyectar a todo cuanto hay más allá de su estricto espacio personal, en determinadas circunstancias. En un ejercicio de escudriñamiento, los factores que por descomposición llevan a ese común denominador son la infelicidad y el inconformismo de la persona consigo y con el entorno, la autoatribución de poderes reservados por el Estado a las autoridades, y la trasgresión de las elementales normas de convivencia entre iguales. La ciudad de Dallas no tiene de qué avergonzarse. En cambio, nosotros no podemos decir lo mismo a propósito de algunos de nuestros comportamientos, pensamientos, deseos o cualidades. Esforcémonos por ser mejores.

NOTA: Al poco de terminar este artículo de opinión en el que la metáfora del toro cobra un protagonismo especial, me entero de la muerte del torero Víctor Barrio. D.E.P.
domingo, 10 de julio de 2016.
 
 
Semestre para olvidar
Con independencia de cuál sea el dibujo del arco parlamentario salido del escrutinio de esta noche, los españoles no estamos dispuestos a consentir el malgasto de más tiempo
domingo, 26 de junio de 2016.
 
Empacho bolivariano, que no venezolano
Esta ha sido la semana de Venezuela en las tertulias dicharacheras y los foros económicos de la divinidad
domingo, 29 de mayo de 2016.
 
¡Feliz Día de la Madre, mama grande!
La biología y la demografía martirizan machaconamente con aquello de la edad más idónea para engendrar un nuevo ser
domingo, 1 de mayo de 2016.
 
¡Anímense a redactar!
Poner por escrito algo sucedido, acordado o pensado con anterioridad, relacionando unas cosas con otras y escribiéndolas con cierta extensión y de manera coherente, supone una de nuestras carencias más notables
lunes, 25 de abril de 2016.
 
Edificio España
La rehabilitación es inaplazable y, sin embargo, los técnicos no consensuan sus proyectos. Entretanto, el tiempo apremia porque su memoria no quiere guardar este lamentable fotograma
sábado, 16 de abril de 2016.
 
Banca despersonalizada
La consigna está clara: es preciso perder volumen redimensionando el negocio y a esos efectos conviene eliminar grasas cerrando sucursales y despidiendo trabajadores
sábado, 9 de abril de 2016.
 
Archivo
 
Quiénes somos  |   Qué somos  |   Contacto  |   Aviso Legal  |   Creative Commons  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris