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Festival del vino 2016 - D. O. Somontano
Dana Milbank
The Washington Post Writers Group
Dana Milbank es autor de la columna "Washington Sketch" que habla sobre la vida política en la capital estadounidense. Ingresó en el Post como cronista en 2.000 tras pasar dos años en The New Republic como editor y ocho en The Wall Street Journal. Es autor de los libros "Homo Politicus" (Doubleday, 2008) y "Smashmouth" (Basic Books, 2001).
Dana Milbank
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Mitos insensatos de unos líderes sinvergüenzas
Dana Milbank
WASHINGTON -- Jan Brewer ha perdido un tornillo.

La gobernadora de Arizona, decidida al parecer a ahuyentar hasta el último dólar del turismo de su estado paria, ha hecho sonar nuevas alarmas con la violencia fronteriza. "Nuestras agencias del orden han encontrado cadáveres en el desierto enterrados o simplemente tirados que habían sido decapitados", anunciaba en la televisión local.

¡Ay caramba! ¿Esos extranjeros de piel oscura decapitan ahora a los rubios estadounidenses? Tal vez también les arranquen la cabellera o les reduzcan la cabeza o las claven en una estaca.

Pero aquellos temerosos de perder miembros al norte del cuello pueden relajarse. No existe ninguna prueba capilar que apoye las declaraciones de Brewer.

La página web del Arizona Guardian cotejó la información con los forenses de los condados fronterizos de Arizona y el personal sanitario dijo no haber visto nunca decapitaciones relacionadas con la inmigración. Llamé por teléfono y envié correos electrónicos a la oficina de prensa de Brewer pidiendo información de las decapitaciones; no hay declaraciones.

La insensatez de Brewer sobre las decapitaciones es solamente una de las falsedades de la inmigración que están siendo difundidas por los políticos de Arizona. ¿Violencia fronteriza en ascenso? ¿Phoenix la segunda capital mundial de los secuestros? ¿Inmigrantes ilegales principales responsables de la mayoría de asesinatos de policías? ¿La mayoría de los que cruzan la frontera son mulas de la droga? Todo falso.

Esto importa, porque significa que la premisa entera de la ley de inmigración de Arizona es una falacia. Funcionarios de Arizona afirman que tuvieron que intervenir porque los funcionarios federales no están haciendo lo suficiente para atajar la creciente violencia fronteriza. Las siniestras denuncias de violencia, a su vez, explican que la opinión pública estadounidense apoye las medidas policiales de Arizona.

El año pasado nos dejó paneles de eutanasia y asesinatos de ancianos, pero en comparación con la tontería que justifica las medidas contra la inmigración, el debate sanitario fue una noche de debate en el Oxford Union.

Hace dos meses, el Arizona Republic publicaba un informe exhaustivo que concluía que, según estadísticas del FBI y las agencias del orden de Arizona, la delincuencia en los municipios fronterizos de Arizona "se ha mantenido constante esencialmente durante la última década". Por ejemplo, "En el año 2000 se registraron 23 violaciones, robos y asesinatos en Nogales, Arizona. El año pasado, a pesar de casi una década de crecimiento demográfico, se registraron 19 delitos de esta naturaleza". El comisario de Pima County informaba que "La frontera nunca ha sido más segura".

Las estadísticas del FBI demuestran que la incidencia de la delincuencia en todos los estados fronterizos es inferior a la registrada hace una década -- y aún así el Senador John McCain, R-Ariz., dice que la violencia "es la peor que he visto nunca". El Presidente Obama afirmaba con justicia el pasado fin de semana que "la frontera sur es más segura hoy que en los últimos 20 años", pero Rush Limbaugh juzgaba que el presidente "está de atar" basándose en esas declaraciones.

Sin duda, la inmigración ilegal y las mafias mexicanas de la droga son problemas enormes. Y existe un peligro real de que la violencia alarmante y creciente que se registra en México se extienda al norte. Pero más allá de las anécdotas -- el asesinato violento de un ranchero y el tiroteo de un asistente del comisario -- no hay pruebas de que se haya extendido.

Pero está McCain -- sólo por detrás de Brewer a la hora de arruinar a la industria turística de Arizona -- diciendo en la NBC y la ABC que Phoenix es "la segunda capital del secuestro del mundo" por detrás sólo de Ciudad de México. "Falso", dice Politifact, remontando la afirmación de McCain a una información dudosa aparecida en ABC News en febrero de 2009. Las agencias del orden en general no hacen un seguimiento de las estadísticas de secuestros, pero los expertos dicen que la incidencia es muy superior en varios países africanos, asiáticos y centroamericanos. Las denuncias de secuestros en Phoenix, mientras tanto, descienden.

Después están las declaraciones de Brewer apuntando que "la mayoría" de la gente en situación irregular "viene aquí y trae drogas, y ocupa pisos francos y extorsionan a la gente y aterrorizan a las familias. Esa es la verdad". No lo es. La patrulla de fronteras que tiene asignada la región de Tucson ha detenido a más de 170.000 inmigrantes en situación irregular desde el 1 de octubre, pero durante ese tiempo sólo se han presentado 1.100 cargos por tenencia de drogas.

La afirmación de que los ilegales están detrás de la mayoría de los asesinatos de funcionarios del orden también es una tontería. La Senadora de Arizona Sylvia Allen decía que "durante los últimos años, el 80% del personal de nuestras fuerzas del orden que ha perdido la vida o ha resultado herido de gravedad lo ha sido a manos de un inmigrante en situación irregular". Un portavoz de la policía de Phoenix decía a E.J. Montini, del Arizona Republic, que la cifra real de los muertos es inferior al 25%, y que no existe ninguna estadística de agentes heridos.

¿Qué es pues esta "terrible crisis de la seguridad fronteriza" que Brewer dice "no ha hecho sino agravarse"? Ella denunciaba hace poco a Greta Van Susteren, de Fox News, la gestión que ha hecho Obama de la frontera: "No han hicieron (sic) su trabajo".

Pero la persona que no ha hecho realmente su trabajo es Brewer. Debería apretar las tuercas que tiene sueltas y empezar a contar a los estadounidenses la verdad.

miércoles, 21 de julio de 2010.
 
Holder y los demás funcionarios se cuelgan las medallas de atrapar al sospechoso del atentado de Times Square
Dana Milbank
WASHINGTON - El Fiscal General Eric Holder es una de esas raras aves que canta (i)antes(/i) de salir el sol. Evan Pérez, un reportero del Wall Street Journal, estaba sentado en ropa interior en su casa de Capitol Hill a la 1:09 de la madrugada del martes cuando un correo electrónico del Departamento de Justicia llegó a su BlackBerry. Decía que Holder haría una declaración a los medios - en directo desde el Departamento de Justicia - a la intempestiva hora de la 1:30 de la madrugada.

Después de revolver buscando unos vaqueros rotos y un polo, Pérez salió pitando a la 10 con Constitution, aparcó su coche en doble fila y se precipitó a la sala de prensa. Fue uno de los dos únicos periodistas que llegaron a tiempo para ser testigos del anuncio de Holder de que el sospechoso del atentado frustrado de Times Square había sido detenido.

El fiscal general podría haber dejado el intempestivo anuncio a alguno de sus 130.000 subordinados del departamento, pero no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de vincular su nombre - y el de la administración Obama - a una buena noticia en la lucha contra el terrorismo. "No descansaremos hasta llevar ante la justicia a todos los responsables" decía Holder, quien por cierto no estaba descansando.

Exactamente 12 horas después, Holder estaba de nuevo en la misma estancia para repetir el número, esta vez con seis funcionarios de la ley reunidos en un ejercicio de elogio mutuo. "Esfuerzos de investigación ejemplares", dijo Holder. "Un gran esfuerzo de equipo", contribuyó la Secretario de Interior Janet Napolitano. "En verdad ejemplar". "Un excelente trabajo", ofreció John Pistole, el caballero del FBI de nombre afortunado sobre el estrado.

El cuarto orador, el Comisario de Policía Nueva York Ray Kelly, tenía la difícil labor de estar a la altura de los elogios de los tres anteriores. Pero estuvo a la altura. Los agentes del FBI y los detectives del Departamento de Nueva York tuvieron "profesionalidad investigadora", dijo, la brigada de artificieros "se desenvolvió en un marco de gran presión", y los funcionarios de inmigración tuvieron "vista de águila".

A partir de ahí cobra tintes cinematográficos. Kelly describió el coche bomba con un término popularizado por una película ganadora de un Oscar. "Esa mezcla letal podría haber causado un daño realmente grande", dijo, pasando de allí a la serie de televisión "24". "Según mi cálculo, desde el momento en que Faisal Shahzad conducía por Broadway y aparcaba el vehículo hasta ser detenido anoche en el aeropuerto JFK, pasaron 53 horas y 20 minutos. Bien, sabemos que Jack Bauer sabe hacerlo en 24 (horas). Pero en el mundo real, el 53 es un número bastante bueno".

Sin lugar a dudas fue una labor policial brillante que permitió a las autoridades identificar, rastrear y atrapar al sospechoso justo antes de que abandonara el país. Pero alardear de una victoria contra los terroristas es un asunto peligroso. Lo único que impidió tener éxito al potencial terrorista de Times Square fue que, al igual que el terrorista potencial del Día de Navidad, era un inepto. Y si bien la suerte nunca está de más, en algún momento la suerte se acaba - simplemente no es posible detener a todos los terroristas - y celebrar la detención del sospechoso de Times Square parecerá ingenuo en perspectiva.

Los Republicanos, en lugar de unirse a la celebración, estaban buscando la vuelta al último arresto para llamar a la administración blanda con los terroristas. El Representante Republicano Peter King, R-N.Y., hacía una evaluación asombrosa: A Shahzad, aunque es ciudadano estadounidense detenido en suelo estadounidense, no se le debieron leer sus derechos. "¿Le leyeron los derechos?" preguntaba al Político. "Sé que es ciudadano estadounidense, pero aún así".

En un discurso ante la Heritage Foundation el martes, el coordinador de la oposición en la Cámara Eric Cantor, R-Va., despachaba el incidente de Times Square en 28 palabras antes de utilizar cerca de 2.000 para condenar al Presidente Obama. Dijo que muchos en esta ciudad - Demócratas, presumiblemente - no prestarán atención al terrorismo cuando este incidente deje de ser noticia.

En el Departamento de Justicia, Holder y sus colegas trataron de desviar esta línea inevitable de ataque con múltiples recordatorios de "lo importante que es mantener una actitud vigilante".

A diferencia de la comparecencia de Holder de madrugada ante los medios, unos 40 periodistas se congregaban en la estancia la segunda vez, todos debidamente ataviados. Y estaban empezando a aguar la fiesta: ¿Cómo llegó a embarcar Shahzad si su nombre aparecía en la lista de exclusión aérea? ¿Era realmente viable la bomba? ¿Participaba algún grupo terrorista internacional? "En este punto, creo que no voy a decir más de lo que he dicho", dijo Holder.

Es comprensible. Tras los fastos televisados de la una y media de la mañana y la una y media de la tarde, el fiscal general necesitaba un descanso.

jueves, 13 de mayo de 2010.
 
Una prensa libre al alcance de la mano
Dana Milbank
WASHINGTON - Los líderes mundiales de visita en Washington con motivo de la Cumbre de Seguridad Nuclear del Presidente Obama deben haber creído haber sido transportados en su lugar al Moscú de la era soviética.

Entraron a una capital transformada en campamento militar, con policía militar de camuflaje en blindados y suficientes vehículos del ejército para parecer el desfile del 1 de Mayo por la Avenida de Nueva York, donde un ciclista se dejó la vida bajo un vehículo pesado de la Guardia Nacional.

En medio de todo el ajo estaba Obama - titular de un cargo conocido otrora como "líder del mundo libre" - dando a algunos de los peores dictadores del mundo una clase magistral de cómo burlar la libertad de prensa.

El único espacio de la cumbre, aparte de la conferencia de prensa post-sesión, visible a la opinión pública fue el discurso de inauguración de ocho minutos pronunciado por Obama, que finalizaba con las palabras: "Voy a pedirles unos minutos para que la prensa abandone la estancia antes de abrir nuestra primera sesión".

Los periodistas de los medios extranjeros, acreditados por primera vez en la oficina de prensa de la Casa Blanca, se llevaron la impresión de que las tan cacareadas libertades estadounidenses no están todo lo asentadas que la gente presume.

Yasmín Alamiri, de la Agencia Saudí de Prensa, tuvo su dosis de libertad de prensa cuando intentaba cubrir las declaraciones de inauguración de Obama como parte de esa exclusiva clá: "Los periodistas/ cámaras extranjeros fueron escoltados por la seguridad al exterior en cuestión de dos minutos, justo cuando los líderes estaban a punto de comenzar, y Obama iba a hacer comentarios".

Los homólogos de Alamiri en todo el mundo redactaron experiencias parecidas en sus crónicas de sesión. Nadia Bilbassy-Charters, de la cadena en árabe MBC TV, decía lo siguiente de la reunión de Obama con el monarca jordano: "Estuvimos allí durante aproximadamente 30 segundos, ni lo suficiente para darnos cuenta del color de las corbatas de ambos presidentes. Creo que la del rey era azul".

The Press Trust of India, en el encuentro de Obama con el premier paquistaní, informaba: "En menos de un minuto, se pedía que el personal de prensa acreditado abandonara la estancia". La corresponsal Yomiuri Shimbun concluía que era "expulsada de malas maneras en 30 segundos" a su llegada a la reunión de Obama con el primer ministro de Malasia. Un reportero del holding turco TRT-Turk acudía a la reunión de Obama con el presidente de Armenia, pero "tuvimos que abandonar la estancia otra vez en menos de 40 segundos".

Hasta el presidente chino, Hu Jintao, se mostraba más locuaz con la prensa que Obama. Michelle Jamrisko, de Kyodo News de Japón, señalaba en su crónica que Hu, en su reunión con Obama, habló con los medios de comunicación chinos en chino, mientras que Obama se limitó principalmente a "saludar a las cámaras" y dar "gracias a todos".

La agenda oficial de Obama el martes habría hecho las delicias del Comité Central de China. Extractos: "El Presidente recibirá a los Jefes de Delegación en un almuerzo de trabajo. Este almuerzo se cierra a la prensa... El Presidente se reunirá con el Primer Ministro turco Erdogán. Esta reunión se cierra a la prensa... El Presidente asistirá a la II Sesión Plenaria de la Cumbre de Seguridad Nuclear. Esta sesión se cierra a la prensa".

Los reporteros, hasta los que llevan dos décadas acreditados en la Casa Blanca, dijeron que se trataban de las reuniones de este tipo más blindadas que habían visto nunca.

Las restricciones se han convertido en una práctica común para la Casa Blanca Obama. Cuando el Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu realizaba una visita hace un par de semanas, la prensa fue vetada. Poco después, Obama firmó una ejecutiva del aborto, otra vez sin ningún tipo de cobertura.

A lo largo del fin de semana, Obama rompió con años de protocolo y se dejó caer por un partido de fútbol sin el séquito "protector" que siempre ronda al presidente en caso de que ocurra lo impensable. Obama bromeó sobre ello más tarde con el primer ministro de Pakistán, diciendo que los periodistas "estaban muy molestos".

En los encuentros "bilaterales" con mandatarios extranjeros, normalmente los presidentes responden a la prensa, o al menos intercambian discursos. Pero en la mayor parte de los encuentros de Obama, sólo ha habido "lecturas". Canadá: "El presidente y el primer ministro toman nota de la fortaleza perdurable de nuestra relación bilateral". La India: "Los dos líderes se comprometen a continuar fortaleciendo la relación sólida entre los pueblos de sus países". Pakistán: "El presidente Obama comenzó señalando que tiene gran aprecio por Pakistán".

Por último, lejos de los demás líderes, Obama atendió a los periodistas durante 20 minutos. Fueron preguntas duras y escépticas que superaban lecturas banales: señalar que los acuerdos de no proliferación no son vinculantes, señalar las declaraciones equívocas de China sobre las sanciones contra Irán, y presionar a Obama con el fracaso a la hora de frenar el armamento de Corea del Norte. Scott Wilson, del Washington Post, preguntó a Obama si iba a pedir a Israel, que no estuvo representado formalmente en la cumbre, que declarara sus armas nucleares.

"Yo no voy a hacer declaraciones sobre su programa", dijo Obama.

No es de extrañar. Pero sigue siendo importante que se formulen las preguntas.

sábado, 17 de abril de 2010.
 
 
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