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Curri Valenzuela FIRMA DE OPINIÓN
Columna de opinión
Encarnación Valenzuela Conthe nació en Madrid y es licenciada en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información. Fue corresponsal de la Agencia EFE en Nueva York y Washington de 1967 a 1973 y en Londres de 1973 a 1976. Jefa de Nacional de Cambio 16 en los años de la Transición y redactora jefe de Nacional de la Agencia EFE de 1982 a 1986. Fue redactora política de la revista Tiempo de 1986 a 1992, y posteriormente miembro del Consejo de Administración de RTVE. Desde 1996, es colaboradora independiente de diversos medios de comunicación: la revista Tiempo, las tertulias de RNE y 'Día a Día' de María Teresa Campos en Telecinco. En la actualidad dirige y presenta la tertulia diaria de actualidad política 'Alto y Claro' de Telemadrid. Escribe periódicamente en el diario El Mundo.
    






ÚLTIMOS 5 TEXTOS PUBLICADOS
Hambre de debates
El éxito de audiencia cosechado por el tedioso debate económico del pasado jueves en Antena 3 entre Pedro Solbes y Manuel Pizarro demuestra que los españoles estamos ansiosos por este tipo de confrontaciones entre los principales candidatos. Acostumbrados como estamos a que el televisor ocupe el lugar de honor de cada hogar, resulta anacrónico que los políticos estén dedicados a dar vueltas por todo el país para quedarse afónicos en mítines a los que solo acuden sus propios fans con el objeto de conseguir un minuto de información en cada telediario por cada uno de ellos, cuando lo que la gente desea es verles y escucharles en programas que duren tanto como "Aída", "La isla de los famosos" o "Los diálogos de matrimonio".
El éxito de audiencia cosechado por el tedioso debate económico del pasado jueves en Antena 3 entre Pedro Solbes y Manuel Pizarro demuestra que los españoles estamos ansiosos por este tipo de confrontaciones entre los principales candidatos. Acostumbrados como estamos a que el televisor ocupe el lugar de honor de cada hogar, resulta anacrónico que los políticos estén dedicados a dar vueltas por todo el país para quedarse afónicos en mítines a los que solo acuden sus propios fans con el objeto de conseguir un minuto de información en cada telediario por cada uno de ellos, cuando lo que la gente desea es verles y escucharles en programas que duren tanto como "Aída", "La isla de los famosos" o "Los diálogos de matrimonio".

Es cierto que los políticos arriesgan más en los debates, por muy pactados que estén sus intervenciones en ellos, que en las breves apariciones de los telenoticias. En estos días se habla mucho de las leoninas condiciones acordadas por PSOE y PP para que Zapatero y Rajoy se vean cara a cara mañana. Y es cierto que ambos aparecerán necesariamente encorsetados por un formato que les obligará a estar tan pendientes del cronómetro como del mensaje que quieren enviar a los ciudadanos. Ojalá fueran posibles en España debates del tipo de los que están llevando a cabo los candidatos de las presidenciales norteamericanas, en los que Obama y Hillary Clinton se sientan en una misma mesa y responden a las preguntas improvisadas de tres periodistas independientes, en cuya designación no intervienen ni republicanos ni demócratas, que versan sobre temas no fijados de antemano.

El miedo escénico de nuestros dos grandes partidos es tal que en esta campaña no es posible para ninguna cadena de televisión ofrecer escenas de los mítines de Zapatero y Rajoy que no sean las que les llegan producidas por los equipos técnicos de PSOE y PP. Son ellos los que retransmiten los actos electorales de comienzo a fin, lo que les concede el control sobre imágenes no deseadas de su candidato o su público. Las televisiones públicas y privadas lo aceptan gustosas porque así se ahorran el gasto de enviar equipos de grabación y unidades móviles. Pero de esa forma permiten que los políticos actúen como los titiriteros miedosos: con red. Una red que ya no tendrán mañana ni Rajoy ni Zapatero. Es, como se dice en televisión, la grandeza del directo.



Sábado 23 de febrero de 2008
Impuesto para inmigrantes
A Mariano Rajoy le han llamado de racista para arriba desde el Gobierno por proponer que los inmigrantes firmen un contrato en el que se comprometan a respetar nuestras costumbres, a cambio de recibir los mismos beneficios sociales que cualquier español. Habría que escuchar lo que le dirían desde las filas del PSOE al primer ministro británico, Gordon Brown, si viniera aquí con el proyecto que acaba de anunciar para su país: un impuesto especial para los extranjeros con cuyo dinero se sufragarán los servicios que sufren una carga extra si aumenta la población, especialmente los de sanidad y educación.
A Mariano Rajoy le han llamado de racista para arriba desde el Gobierno por proponer que los inmigrantes firmen un contrato en el que se comprometan a respetar nuestras costumbres, a cambio de recibir los mismos beneficios sociales que cualquier español. Habría que escuchar lo que le dirían desde las filas del PSOE al primer ministro británico, Gordon Brown, si viniera aquí con el proyecto que acaba de anunciar para su país: un impuesto especial para los extranjeros con cuyo dinero se sufragarán los servicios que sufren una carga extra si aumenta la población, especialmente los de sanidad y educación.

Brown, que es laborista, (o sea, socialista) cobrará unos 260 euros de media a quienes soliciten un permiso de residencia de seis meses en las islas británicas. Y el dinero se repartirá según su procedencia. Si se trata de un hombre mayor, la mayor parte del impuesto se destinará a gastos sanitarios; si de un menor, a inversiones educativas. Del sistema quedan exentos los ciudadanos europeos. A todos los demás se les va a exigir un curso de ciudadanía para que aprendan a integrarse en las costumbres de ese país. Antes de conseguir la nacionalidad se les obligará a firmar "un compromiso con los valores del Reino Unido y la voluntad de contribuir a nuestra comunidad", reza el proyecto laborista.

Este es el debate vigente a día de hoy en la Unión Europea, con excepción de España, país donde no se puede plantear por cierta clase política sin que levante acusaciones de racismo y xenofobia que provienen de la izquierda. Y, lo que es peor, nos encontramos ya inmersos en la campaña electoral y a poco más de dos semanas de la cita con las urnas la cuestión está ausente de la agenda de debate. Luego se quejarán unos y otros de la abstención.

La preocupación por la imposibilidad de extender el sistema de prestaciones sociales a todos los inmigrantes se extiende desde Gibraltar a los Balcanes, lo quieran o no nuestros políticos. A la gente de la calle le preocupa en España que sus hijos se queden sin plaza en la escuela más cercana a su domicilio o las colas de los ambulatorios resulten casi eternas y, como sabe de lo que habla, conoce que ello se debe al extraordinario aumento de inmigrantes que se han venido a vivir aquí en los últimos años. Discutir de ello no es racista. Es algo necesario que ojalá encuentre hueco en esta campaña electoral.



Jueves 21 de febrero de 2008
No fiarse de las encuestas
Quien se fíe de una encuesta a estas alturas de la carrera electoral es que no tiene memoria. Y quien se crea que los datos de la del CIS que hemos conocido este viernes son ciertos lo que no tiene es la cabeza bien puesta sobre los hombros. Llevamos elección tras elección sufriendo unos sondeos que no han hecho más que equivocarse y equivocarnos; antes de la campaña, durante la campaña y a pié de urna. No dan ni una.
Quien se fíe de una encuesta a estas alturas de la carrera electoral es que no tiene memoria. Y quien se crea que los datos de la del CIS que hemos conocido este viernes son ciertos lo que no tiene es la cabeza bien puesta sobre los hombros. Llevamos elección tras elección sufriendo unos sondeos que no han hecho más que equivocarse y equivocarnos; antes de la campaña, durante la campaña y a pié de urna. No dan ni una.

Sobre todo, el CIS. Por difícil que parezca, los estudios de opinión de pequeñas empresas que realizan su trabajo de campo con una muestra pequeña de entrevistados suelen acertar más que el Centro de Investigaciones Sociológicas, que dispone de un gran presupuesto y consulta con doce o quince mil votantes de toda España antes de sacar sus conclusiones. A las pruebas me remito: antes de las municipales y autonómicas del pasado mes de mayo, que ganó el PP, el CIS predijo una victoria del PSOE por 3 puntos de ventaja. Y en vísperas de las últimas europeas el CIS aseguró que los socialistas ganarían por 8 escaños a los populares. Su victoria se quedó en un escaño.

¿Por qué se equivoca tanto la empresa de opinión que financiamos todos los españoles para que no se equivoque? Pues por lo que los sociólogos llaman la cocina. Los españoles, como todos hijos de vecino, no confesamos a quienes vamos a votar al primer joven que llama al timbre de nuestra puerta. El joven, provisto de un amplio cuestionario, tiene que marcar todas nuestras respuestas de las que sus jefes deducen lo que cada cual va a hacer cuando se enfrente a una urna.

La cocina, además, se lleva a cabo con criterios políticos. En vísperas de que Aznar lograra su mayoría absoluta del año 2.000, el CIS rebajó sus expectativas para no movilizar en exceso a sus adversarios. Ahora, es bastante probable que la encuesta que acabamos de conocer haya sido maquillada para alarmar al electorado socialista que, se supone, estará más presta a acudir a votar si teme que Rajoy se alce con la victoria. Claro que quien cocina una encuesta así, se la juega. También es posible que un número elevado de electores se anime a participar en los comicios del 9 de marzo si llega a la conclusión de que existe la posibilidad real de que su voto sirva para mandar a su casa a Zapatero.

Eso es lo bueno de la democracia, que cuando llega la hora de la verdad es el pueblo quien decide quien le gobierna. No el CIS ni sus cocineros.



Sábado 16 de febrero de 2008
Con tensión
A Zapatero le conviene la tensión. Se lo dijo a Iñaki Gabilondo en la entrevista de guante blanco que le hizo la otra noche Iñaki Gabilondo en Cuatro y nos hemos enterado porque se dejaron abiertos los micrófonos al terminar. Por ello hemos sabido que al periodista le preocupa que pueda ganar el PSOE, lo cual ya sospechaba cualquiera con dos dedos de luces, y que el presidente del Gobierno necesita dramatizar sus mensajes para mejorar en las encuestas preelectorales. Que tampoco es una sorpresa para nadie.
A Zapatero le conviene la tensión. Se lo dijo a Iñaki Gabilondo en la entrevista de guante blanco que le hizo la otra noche Iñaki Gabilondo en Cuatro y nos hemos enterado porque se dejaron abiertos los micrófonos al terminar. Por ello hemos sabido que al periodista le preocupa que pueda ganar el PSOE, lo cual ya sospechaba cualquiera con dos dedos de luces, y que el presidente del Gobierno necesita dramatizar sus mensajes para mejorar en las encuestas preelectorales. Que tampoco es una sorpresa para nadie.

Lo que tiene la confesión del candidato socialista de preocupante no es, por lo tanto, el hecho noticioso en sí, sino el cinismo que revela. Zapatero lleva cuatro años acusando al PP de crispar la vida política y un montón de mítines electorales en las últimas semanas culpando a la derecha de tensionar la campaña. Pero no lo hace porque piensa que eso es así, sino en busca de movilizar a los suyos. De ahí que le veamos por televisión tan exaltado, tan fuera de sí, hablando de "la derecha reaccionaria", de "los obispos crispadotes" y de esos demonios antidemocráticos con los que pretende dos cosas: una, darnos miedo. Dos, animar al PP a contestarle y de esa manera inyectar tensión al debate.

Los populares, que ya saben de las intenciones del presidente, callan frente a cada provocación. Se les nota más tranquilos, haciendo esfuerzos para no entrar al trapo que le colocan los socialistas cada mañana. Su esperanza es que esta campaña electoral resulte tan plana que muchos votantes se queden en su casa el 9 de marzo por falta de ganas de votar. A más participación, más posibilidades para el PSOE de alzarse con la victoria. A menos, mayores probabilidades de que Rajoy se gana la plaza de La Moncloa. En las tres semanas y pico que quedan de campaña notaremos que en ese punto es en el que se encuentra la tensión entre los dos grandes partidos. Los socialistas van a tratar de gritar, asustar, provocar. Los populares, se debatir y serenar. Y el que gane ese pulso será el triunfador de las elecciones.



Jueves 14 de febrero de 2008
Los del canon, con ZP
Si quedaba alguna duda de por qué el Gobierno se ha empeñado en cobrarnos un canon sobre todos los soportes digitales que compramos pese a lo impopular de la medida, aquí tenemos el vídeo en el que los principales defensores a ultranza del canon apoyan públicamente a Zapatero. Almodóvar, Sabina, Ana Belén, Victor Manuel, todos ellos beneficiados en el reparto que hace la Sociedad General de Autores de los fondos públicos que el Gobierno les trasfiere por el cobro de ese impuesto y de los que ni el Ejecutivo ni la SGAE hacen balance público, quizás para tratar de impedir que mucha gente haga esta asociación de canon me das-apoyo de hoy.
Si quedaba alguna duda de por qué el Gobierno se ha empeñado en cobrarnos un canon sobre todos los soportes digitales que compramos pese a lo impopular de la medida, aquí tenemos el vídeo en el que los principales defensores a ultranza del canon apoyan públicamente a Zapatero. Almodóvar, Sabina, Ana Belén, Victor Manuel, todos ellos beneficiados en el reparto que hace la Sociedad General de Autores de los fondos públicos que el Gobierno les trasfiere por el cobro de ese impuesto y de los que ni el Ejecutivo ni la SGAE hacen balance público, quizás para tratar de impedir que mucha gente haga esta asociación de canon me das-apoyo de hoy.

Hay quien compara el apoyo de estos artistas a Zapatero con el que el norteamericano Obama está recibiendo por parte de famosos actores y actrices de Hollywood como George Clooney o Scarlett Johansson. Pero no tienen nada que ver unos casos con otros. Para empezar, porque aunque se convierta en Presidente de los Estados Unidos, Obama no subvencionará las películas en las que aparezcan quienes han pedido el voto para él, ni su Gobierno les hará beneficiarios indirectos de un dinero que recaude a los contribuyentes de forma especial. Una cosa u otra supondría un tamaño escándalo que haría peligrar la estancia de un Presidente en la Casa Blanca.

Tampoco se puede nadie imaginar que ni en Estados Unidos ni en ningún otro país que no sea bananero, los artistas que apoyen a un candidato sean contratados automáticamente para participar en galas y festejos organizados por ayuntamientos gobernados por el partido que se ha beneficiado de su recomendación pública. En España, se hace constantemente. Ni sucede en otras partes lo que es tan común aquí, que es que los Almodóvar o Sabina de turno insulten al candidato o el partido que se opone a su favorito. ¿Se imaginan a George Clooney diciendo que Bush quiere dar un golpe de Estado?

Dar el apoyo a un candidato o a un partido en época electoral es, por supuesto, un derecho del que goza cualquier ciudadano en un país libre. Pero para que esa recomendación pública goce de credibilidad ha de hacerse sin que esté en juego ni un euro ni un dólar para beneficio de quien se pone ante la cámara para recomendar a sus conciudadanos a quienes cree que deben votar.



Sábado 9 de febrero de 2008
     
 
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