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César Valdeolmillos
César Valdeolmillos
“Regala un juguete a un niño y él te devolverá una sonrisa que llenará de gozo tu corazón" Anónimo

La víspera de la festividad de los Reyes Magos, es la noche mágica de la ilusión para millones de niños en el mundo. Pocas fiestas más entrañables podemos encontrar que la de los Reyes Magos. En la noche de cada 5 de enero los niños dejan los zapatos preparados para que los misteriosos monarcas depositen en ellos sus regalos. Lo harán con gran sigilo para no alterar la paz de sus sueños.


Aunque la historia del origen de los magos de Oriente se pierde en la memoria, la tradición la ha conservado viva en nuestros corazones. Ignoramos si eran reyes, magos, de dónde venían y cuántos eran. En realidad, ni siquiera sabemos cómo se llamaban los regios personajes. Pero nada de eso perturba la fantasía del niño. Para él, el hecho de acostarse y encontrar al despertar la sorpresa anhelada, es algo mágico que se almacena en su trastienda, ese rincón en el que cada niño inventa un mundo capaz de justificar cualquier cosa.


No importa que el niño no haya visto nunca a esos personajes de leyenda de los que le habla su entorno. Lo importante es que existan en su imaginación y que al despertar se haya hecho realidad el sortilegio de sus sueños.


¿Habrá algo más hermoso que el sueño de un niño? Si la paz existe, es la imagen de un niño durmiendo.


¿Habrá vileza más grande que la de privar a un niño de su mundo fantástico en aras de una ideología?


El discurrir del tiempo ha ido decolorando la fuerza de nuestras tradiciones, tintándolas de ese sepia pajizo que tienen los recuerdos que dormitan silenciosamente en algún rincón de nuestras vidas. Sin embargo, aunque en Navidad, el espejo de nuestra sociedad nos muestre hoy algo muy diferente, su reverso aún conserva para cada uno de los que en él nos miramos, la cena de Nochebuena, el hogar, la familia, las tradiciones, los recuerdos de la infancia y la mocedad, y los recónditos sentimientos del alma.


El gran atractivo de la Navidad, reside en la fuerza de sus tradiciones. Por ello, las filosofías basadas en el materialismo, quieren convertir a nuestra sociedad en una casa de huéspedes en la que vivimos juntos, pero no estamos juntos, en la que no hay familia, ni hogar, ni casa, ni recuerdos, ni veneración, ni tradición, ni costumbres o creencias.


Poco a poco nos vamos deslizando por la senda de lo fácil. Pensar y obrar consecuentemente con nuestro propio criterio, siempre es más difícil que dejarse impregnar por costumbres foráneas ajenas a nuestro propio sentir. Esa es la causa de que se vaya desdibujando nuestra propia cultura, de que vayamos incorporando a nuestro lenguaje extranjerismos que van sustituyendo el de nuestros antepasados, de que estemos reemplazando nuestras tradiciones por costumbres ajenas a nuestra cultura.


Para mí, la Navidad significa guardar y perpetuar a través del tiempo, usos y costumbres, comidas que preparaban nuestros mayores, utilizar objetos y utensilios que guardan recuerdos entrañables conservados en lo más profundo de mi corazón.


Acomplejadamente adoptamos otras modas, otras usanzas ajenas a nuestra propia idiosincrasia, y cometemos un grave error al renunciar gratuitamente a lo que en realidad somos, a nuestra propia cultura, a ese conjunto de valores y raíces que constituyen nuestra historia. No nos damos cuenta de que con esa actitud nos vamos despojando del legado de nuestros mayores, abjurando de todo lo que nos han transmitido de generación en generación. El oropel de lo foráneo nos ciega haciendo que traicionemos nuestra propia esencia.


A pesar de las fiestas de reyes que he vivido, la víspera de cada noche, en el alma de aquel niño que fui, aún queda un pequeño rincón en el que anida la ilusión de que alguno de los magos se acuerde de mí, y deje en el balcón de mi alma la sorpresa de lo inesperado.


No quiero que aquel niño que en la noche de reyes se acostaba temprano y apretaba los párpados con fuerza porque los nervios no le dejaban dormir, me abandone nunca. Ese niño sabe de la infinita tristeza que es levantarse descalzo lleno de emoción, abrir el balcón y encontrarlo vacío. Eran los duros años de una España hecha girones, en la que solo había lo que no había.


No sabía ese niño, que pasados muchos años, habría de recibir el regalo de reyes más preciado que una persona pueda esperar, al tener la oportunidad de llevar a miles de otros niños, la magia de la ilusión en la noche de reyes, viendo en sus rostros el arrobo del asombro que produce el mundo fantástico de sus sueños, hecho realidad.


Aquel niño hecho hombre, al ver como hacía felices a tantas almas inocentes, jamás sintió en lo más hondo de sí mismo, una emoción más profunda, al experimentar un sentido tan inmenso de plenitud.


Como jamás hubiera podido soñar, había sido compensada la desilusión sufrida, cuando en una fría mañana de enero, abrió el balcón y lo encontró vacío.


En realidad, los niños, inmersos en su mundo fantástico, no saben que los verdaderos reyes son ellos, y ellos son los que nos hacen a nosotros el más maravilloso de los regalos, con sus nervios y la emoción de ver como rompen el envoltorio de sus presentes, sus ojos de asombro al comprobar que su ilusión se ha hecho realidad, sus palmas de alegría, sus risas y el júbilo que muestran sus rostros.


Son instantes en los que podemos ver, tocar y sentir la más pura y auténtica felicidad.


Conservemos siempre la figura de los Reyes Magos. Su encanto trasciende la inocencia e ilusión de nuestros niños. No la sustituyamos por el pragmatismo de un regalo adquirido en los grandes almacenes. Sin la fantasía del niño, la vida del adulto, carecería de sentido.

Artículos del autor

Suena el despertador y no he terminado aún de abrir los ojos, cuando todavía entre sueños, escucho al vocero de turno relatarme las fechorías que su adversario dice que ha cometido tal o cual politiquillo bajito del que hasta entonces desconocía su existencia.
El juez es la autoridad encargada de aplicar la ley con justicia y honor. De ahí que los jueces y magistrados deban gozar de absoluta independencia.
​El presidente del Gobierno, el doctor Sánchez, es una persona de pensamiento multidireccional.
​Pánico producen las continuas revelaciones que de algunos individuos e individuas nos hacen llegar los escasos medios de comunicación libres aún existentes.

El PNV, sabedor de que el joven socialista estaba dispuesto a vender su camisa, y lo que le pidieran, por ver cumplida su insatisfecha y ególatra ambición, actuó como en “El mercader de Venecia” lo hiciera Shylock, el usurero judío que aceptó prestar los 3000 ducados que le solicitaba el desatinado Antonio, con la condición de que si la suma no le fuera devuelta en la fecha indicada, Antonio tendría que darle a cambio una libra de su propia carne de la parte del cuerpo que Shylock dispusiera.En este caso, el Dorian Gray de nuestra historia, no tenía que entregar a su acreedor una libra de carne de su propio cuerpo, sino del de los españoles más débiles y necesitados, a espaldas de los cuales, en la opacidad nauseabunda de los despachos, había comprometido, sin importarle poner en grave riesgo la estabilidad de su futuro.El Shylock del momento —el Partido Nacionalista Vasco— está exigiendo ya su libra de carne —el traspaso a la Comunidad Autónoma Vasca, de la gestión de las competencias de las pensiones de Seguridad Social— algo a lo que Mariano Rajoy siempre se había negado.Aún no sabemos en qué quedará el pleito, pero si finalmente, nuestro Dorian Gray, considerando que lo único que merece la pena en la vida es la satisfacción de sus apetitos, decidiese bordear o retorcer la interpretación de la Ley para satisfacer las destructivas ambiciones del usurero judío, el cuadro de Dorian, pintado por Basil Hallward, reflejará los efectos de su traición a los más débiles, necesitados y ya indefensos de nuestra sociedad: los jubilados, aquellos que entregaron su vida al Estado, y con su esfuerzo y sacrificio, construyeron los pilares sobre los que hoy se asienta el estado de bienestar.

Nadie podrá decirme que soy insensible a la inmigración por razones humanitarias. Pero este sentimiento comprensivo y copartícipe del dolor ajeno, no es incompatible con la defensa de la integridad de nuestro territorio, nuestros derechos...
Con independencia de la ideología personal de cada uno de los españoles, existe un deseo generalizado de regeneración sin restricciones. No es nuevo este sentimiento, Viene de muy atrás.

Analizando lo que políticamente ha sucedido en España en el transcurso de los últimos 40 años y observando el comportamiento de las izquierdas dominantes a partir del acceso al poder de Rodríguez Zapatero, tengo la convicción de que ciertos sectores de las mismas —curiosamente los que la han conocido solo de oídas— no la han dado por terminada la guerra civil y aún mantienen un frente popular incruento abierto, con el deseo de imponer una sociedad que no pudieron hacer realidad hace ya 82 años.El pasado solo sirve para dos cosas: dejar constancia de los hechos sucedidos, y en su caso, aprender de los errores cometidos con el fin de que no se vuelvan a repetir.Pero no es el caso de la izquierda española que mantiene vivo un guerracivilismo suicida, que hasta ahora, siempre que ha gobernado, en vez de tratar de elevar nuestro nivel de conocimientos y nuestro estado de bienestar, solo ha pretendido igualarnos en la pobreza y mantener a España dividida entre buenos y malos, pobres y ricos, víctimas y opresores, explotadores y explotados, posturas decimonónicas trasnochadas, que junto a un gasto improductivo e incontrolado, solo han servido para situarnos al borde de la quiebra.El PSOE vive anclado en un mundo pretérito que nada tiene que ver con la realidad social española y lo focaliza en su odio irracional a la derecha, lo que hace de él un partido sectario y no fiable.De hecho, en su XXIV congreso celebrado en Suresnes en 1974, el partido abandonó el reconocimiento del derecho de autodeterminación de los pueblos, pero sin embargo, refiriéndose a España, sigue estando muy próximo a las tesis nacionalistas y siempre ha propugnado su idea de un estado federal, la autonomía asimétrica, ha puesto en cuestión el concepto de nación, y en la actualidad, su secretario general, mantiene la tesis de Estado plurinacional para nuestro país, o que España es una nación de naciones, con los riesgos disgregadores que cualquiera de estas teorías conlleva.En 1978, con la aprobación de la Constitución, el PSOE aceptó formalmente la monarquía y los símbolos que representan al Estado español.

 
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