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Carlos Rodríguez
Carlos Rodríguez
Luego de la desaparición de los 43 normalistas en Ayotzinapa, el presidente de México Enrique Peña Nieto, aprovecha la oportunidad para buscar la centralización de los mandos de policía, desapareciendo las policías municipales y creando una única policía federal.

Esta medida, según el presidente, pretende remediar el problema de la inseguridad en los estados, la corrupción y la colaboración de las policías municipales con el crimen organizado, supuesto motivo de la desaparición de los 43 normalistas, situación ante la cual, el gobierno federal se ha mostrado incompetente para aclarar la realidad de los sucesos, donde se afirma que el estado actuó en conjunto con el crimen organizado para desaparecer a los estudiantes, pero se ha deslindado la responsabilidad del gobierno federal y se ha intentado culpar al alcalde local y su esposa, afirmando que actuaron de manera independiente, la población, a través de las diversas manifestaciones que se han estado realizando tanto dentro como fuera del país, ha demostrado estar en desacuerdo con esta versión, sugiriendo y en ocasiones acusando directamente al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, de ocultar la verdad sobre las responsabilidades en la desaparición de los normalistas.

Al lanzar esta propuesta, no se menciona algo sobre la corrupción de las fuerzas policiacas federales, ni el poder que esta medida le dará a la autoridad federal para extender el brazo represivo del estado centralizado hacia los distintos municipios, atentando contra el principio básico de la federación. Si bien es comprensible que exista una preocupación por los niveles de corrupción locales dentro de las policías en cada municipio, esta medida sugiere un retroceso en el desarrollo de un país establecido en su constitución como una República Federal.

No es de sorprenderse que esta propuesta venga apoyada por uno de los partidos que desde su creación ha tendido hacia la centralización del poder, como lo es el Partido Revolucionario Institucional, dejando a un lado los intereses y las necesidades particulares de cada uno de los estados.

En un país como México, que cuenta con una gran variedad de culturas y tradiciones locales en cada uno de sus diversas localidades, resulta un atentado contra la autonomía de cada una de las regiones el intento de concentrar toda la fuerza policial en un mando único.

Una vez mas, nos encontramos con las soluciones de tinte represivo en un país donde la desigualdad social y la marginación de grandes sectores de la población son la raíz innegable del problema de la delincuencia, siento esta ultima el síntoma de un malestar social que el estado no tiene intención de eliminar, sino solamente contener, pues en el miedo y el control se legitima su poder y preserva el estatus quo que beneficia a una minoría dominante.
 
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