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Ben Tanosborn
Tribuna de opinión
Ben Tanosborn
El miércoles, 4 de julio (fiesta de la Independencia en EEUU), Ricky “My-T-Mouth” Johnson, un letrista poco conocido en el mundo de la música rap a quien conocí durante el génesis del Movimiento Ocupación en Portland, apareció en el porche del townhome donde resido en este lugar histórico, Fort Vancouver National Historic Site.  Venia con su familia de Portland para celebrar la fiesta y ver el afamado espectáculo de fuegos artificiales, me dijo; y, sabiendo que yo vivía aquí, charlar un rato conmigo de política, en particular sobre las próximas elecciones presidenciales.

Ricky cursó su carrera (posgrado) en Ciencias Naturales y lleva más de una década trabajando para una organización sin ánimo de lucro en un aspecto de la misión de “mantengamos Oregón verde”.  Gracias a los ingresos de su esposa (maestra), su familia se mantiene aun como vestigio de esa clase media en estado de desaparición.  Su “otro trabajo” creativo, canciones para raperos qua las lucen como suyas propias, apenas le da, me dice, para tabaco… y está en su tercer intento en cinco años de echar a un lado a ese monstruo de la nicotina.

Me aduló el que Ricky me dijera que había leído todas mis columnas desde octubre cuando nos conocimos
en el centro de Portland, y que se identificase con mi forma de pensar.  Bueno, casi todo, ya que no estaba de acuerdo con mi último artículo donde estipulaba que Obama no se merece el voto progresista.  Aunque reconoce que Obama es un Charlie Atún en nuestra política, otro producto incestuoso de la clase gobernante, Ricky reclama que por lo menos Obama está unos cuantos pasos a la izquierda de sanguijuelas financieras como Romney.  “Ofrécenos una alternativa a seguir, Ben,” me dice, “y no simplemente lo que ya sabemos; que Obama no tiene agallas para decirnos a los norteamericanos lo que no queremos oír: la verdad”.

¡Una alternativa a seguir, caray! Hasta la presente ningún candidato viable de “tercer partido” ha entrado a la reyerta electoral… y algunos de nosotros recordamos muy bien el historial político de candidatos independientes o de tercer partido en este último medio siglo.  En 1968, George C. Wallace, un exgobernador Demócrata de Alabama, con su Partido Independiente Americano (disfrazando su postura contra derechos civiles como pro derecho de estados) recibió el 13,5% del voto popular. En 1980, el diputado John B. Anderson, como independiente, logró el 6,6% del voto popular.  En 1992, Ross Perot, luciendo de independiente y “antiglobalista”, recibió el 18,9% del voto popular; pero en 1996 liderando el partido que fundó, Partido de Reforma, tan solo obtuvo el 8% del voto, en parte debido a que Clinton había puesto a todos en la familia a trabajar (a sueldo mínimo) en puestos de servicios, mientras ocurría la gran fuga o exportación de puestos de trabajo en la industria manufacturera (bien remunerados) a China y otros países en desarrollo… algo casi totalmente ignorado por la prensa.  Clinton también se benefició de la burbuja que se estaba formando con los dot-coms (compañías en el Internet) y la nueva riqueza ficticia, su crescendo (1995-2000) terminando en estallido durante el periodo electoral del 2000 tras Clinton acabar con sus dos periodos (8 años) en la Casa Blanca, máximo permitido a un presidente.

Para una nación poblada por más de 300 millones, nuestro liderazgo progresista no es tan solo anémico sino probablemente inferior al de cualquier otro país, con tan solo unos cuantos académicos sermoneando desde sus recargados pulpitos universitarios, con muy poca credibilidad entre las masas; y una docena escasa de miembros en el Congreso (el 2%) que mas o menos tienen sus manos atadas.  Y a nivel nacional, no existen individuos carismáticos con raíces en las clases media y trabajadora.  Esa fue la conclusión a la que Ricky y yo llegamos, algo de que haré uso como preámbulo al porqué los progresistas en EEUU ya no pueden permitirse el lujo de rendir su voto al Partido Democrático.  Mejor que se acelere la desigualdad entre ricos y pobres con los Republicanos al mando por cuatro, o hasta por ocho años más… para que los progresistas creen su voz propia y fuerte que pueda incitar cambio político en el país, desasociados del Partido Democrático, que el ayudar a que el duopolio continúe en perpetuidad teniendo a Tararí (Demócrata) en vez de a Tarará (Republicano) en la Casa Blanca… tanto el uno como el otro representando los intereses de los adinerados y el Pentágono.

Una vez terminado el gran y mágico espectáculo de los fuegos artificiales, coronando un día festivo de ambiente campestre, comida y juegos, intercalado con música y canciones patrióticas provenientes de altavoces distantes, allí estábamos de nuevo Ricky y yo, sentados en el porche tras nueve horas de conversación intensa que nos había trasformado de conocidos a amigos… esta vez esbozando un anteproyecto para los progresistas en las próximas elecciones.

Fue tan de su agrado esta alternativa-anteproyecto para Ricky, que su “My-T-Mouth” persona de rap me prometió una canción apropiada de rap, bueno la letra, como contribución a la causa progresista, para que la publique en uno de mis artículos; letra pegadiza con la que raperos pueda ahogar el sonido de canciones patrioteras de individuos como Hank Williams Jr.
Daré detalles de este anteproyecto en mi próxima columna.

Artículos del autor

Después de haber tomado parte en el proceso electoral de las ultimas 12 elecciones presidenciales, he resuelto que mi aportación de voto si contará esta decimotercera vez, y no regalaré mi voto una vez mas a uno de los dos partidos políticos que mantienen al votante norteamericano servil a poderosos intereses que mediante soborno indirecto han destrozado la democracia.
Ahora que aparentan poseer ese “sueño americano”, muchos dirían en cuerpo y alma, nos preguntamos si es hora de que nuestra embajada en Beijing presente a la dinastía de Mao Zedong – Mao Tse-tung para aquellos que todavía romanizamos Beijing llamándolo Pekín – con una queja en toda regla, de protocolo… pidiendo que se nos devuelva el Sueño o, por lo menos, que se nos anule un billón de dólares en deuda del 1,2 billón que EEUU les debe.
Allí estábamos, cuatro norteamericanos peces en la materia oyendo sobre “otra” guerra que ocurriera durante el periodo 1936-9 que no fuera la Guerra Civil Española.  La “Gran Revuelta Árabe”.
Un pueblo que dio su alma a una revolución para poder desencadenarse de una tiranía política y económica, teniendo después que sobrellevar por décadas sanciones económicas por haber escogido “mal” su política después de la revolución, según determinó su poderoso y sabio vecino: Estados Unidos.
“Cuba será libre” ha sido el lema prometedor de los políticos norteamericanos, no solo los que residen en Florida, sino los que la visitan, tanto Republicanos como sus casi gemelos Demócratas.
 
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