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Aurora Sánchez

Aurora Sánchez Sánchez es natural de Villarrobledo (Albacete). Licenciada en Psicología por la Universidad de Jaén con itinerario clínico. Escritora y colaboradora para distintas asociaciones dedicadas a la discapacidad. Una persona crítica, perseverante y alegre que pretende indagar en los secretos de la mente humana e investigar el comportamiento.



Email: psicoaurora90@gmail.com
Aurora Sánchez
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La psicología del amor
¿Qué es el amor?
Uno de los aspectos que más condiciona a la especie y del que más cosas desconocemos, es de la emoción. La ciencia evoluciona en cuanto al hecho tangible, pero... ¿Cómo se cuantifica la emoción?; dentro de las emociones... ¿Qué es el amor?

El amor es una emocion. Esta se define como una reacción biólogica ante acontecimientos importantes de nuestra vida. Muchos autores han intentado definir este concepto sin llegar a consenso. Lo que es cierto a todas luces es que hablamos de una necesidad, que se manifiesta en aspectos psicológicos, biológicos y fisiológicos. El amor no se produce, no se experimenta ni tampoco se crea, el amor surge, y estamos biológicamente predispuestos a satisfacer esta apetencia dentro de las necesidades secundarias.

¿Qué diferencia existe entre querer, amar y estar enamorado?
La fase de enamoramiento implica una proyección de tu ilusión en otra persona. En esta fase, la capacidad de raciocinio se obnubila, haciendo coincidir de manera artificial las características de un modelo idealizado con un objeto real, con sus dos componentes subyacentes: atracción y apego. De la fase de enamoramiento surge la afirmación de: el amor es ciego.

El enamoramiento conlleva idealización, se puede incluso, estar enamorado de una idea u objeto por las características que se les atribuye. Esta fase está llena de expectativa, abstracción, interpretación (psicológica y fisiológica), que a veces impide discernir lo real de lo ideal.

Muchos autores afirman que el enamoramiento nace de la imposibilidad de amarnos a nosotros mismos y acabamos proyectando en otra persona la individualidad y la parte completa de lo que nos falta (nuestra media naranja).

Querer, implica posesión y control. Es una apetencia en sí misma: te quiero para algo (para que estés conmigo, para que me acompañes, para compartir algo...).

Cuando quieres generas expectativas que si no son satisfechas desencadenarán frustración, sufrimiento e incluso celos. Cuando se sufre por amor, se suele sufrir más por querer, que por amar.

Si amamos, estamos aceptando sin idealizar. Conocemos pros y contras, y los asumimos. Reconocemos atributos y cualidades. Podemos entenderlo como el estado "sumo del amor". No importa el tiempo ni la distancia con el ser amado/a, puesto que es una energía individual que fluye y escapa de nuestro propio control, pero no se magnífica al objeto real, sino el sentimiento propio. No es una apetencia, más bien, una capacidad. Capacidad que se alimenta de: el momento, el entono, la personalidad, el físico y las cualidades intrínsecas de la otra persona. Amar no suele generar expectativas, es más altruista y desinteresado.

El amor por tanto, es la suma de sus componentes (enamorarse, querer, desear) y como todo en la vida, evoluciona y madura ( cuando se llega a amar). Nace de la pasión y acaba interactuando de forma bidireccional con la intimidad y el compromiso. Se llega a la cohesión del compañerismo, que hace al sentimiento más racional y sosegado ( lo que a veces se interpreta erróneamente con el fin del amor, cuando sólo es la experimentación del sentimiento maduro.

"Como dijo San Leen: aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta sino cuando llegamos a ver de forma perfecta a la persona imperfecta".
domingo, 14 de junio de 2015.
 
La facilidad de la felicidad
“La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte" Benjamín Franklin
Y probablemente buscar la FELICIDAD (sin entender en concepto en sí) de forma constante y plena, es lo que nos lleve a hablar en ocasiones de infelicidad.

De forma personal, entiendo felicidad como momentos puntuales de bienestar, relacionados con sensaciones de placer, y la interpretación del cerebro. Quizá antes de buscarla, debamos instruirnos en: aprender a ser felices.

Si no aprendemos a analizar los pequeños detalles de nuestra vida, lo que nos llena y nos completa, es difícil hablar de un concepto tan abstracto como éste. Podríamos entender la felicidad ,como un círculo, siendo cada punto de tinta que conforma ese círculo, momentos de alegría.

Pongamos ejemplos:

-“He conseguido el trabajo, soy feliz”. Analizándolo podríamos llegar a una construcción más compleja: He conseguido el trabajo, he podido conseguirlo, me siento bien con mi capacidad de búsqueda y consecución, voy a tener solvencia económica, y tengo una sensación tan grande de alegría, que utilizo el término FELICIDAD.

Gracias a este ejemplo, vemos claramente que se trata de una interpretación que da nuestro cerebro a una serie de situaciones puntuales. Con lo cual, no está ni en el corazón, ni en el estómago, ni en la sexualidad, ni tampoco en lo externo ni lo material. Parece obvio pensar, que es totalmente necesario educar a nuestro cerebro para que sus pensamientos y las interpretaciones, nos ayuden a “SENTIRNOS MÁS FELICES”, ¿es esto posible?, la respuesta es clara: si.

El amor, la salud, el dinero…. Son fuentes de alegría y bienestar que contribuyen a la felicidad. Pero es la educación que tengamos, y como la proyectemos a estos ámbitos la que nos hace felices. ¿Quién no ha visto alguna vez un pobre o una persona de clase baja muy feliz?, ¿Quién no ha visto alguna vez el brillo de la felicidad en los ojos de una persona enferma?, ¿Conocéis a alguien soltero/a que sea feliz?.

Y ahora que sabemos DÓNDE está situada, y ahora que sabemos que es un concepto GENERAL, ABSTRACTO Y SUBJETIVO, añadiendo que PODEMOS APRENDER A APRENDER A SER FELICES. Vamos a preguntarnos ¿Qué hacemos para serlo?, ¿Cuántos momentos puntuales de alegría personal nos dedicamos y cuanto tiempo les dedicamos a interpretarlos? ( una buena canción, un buen beso, un homenaje frente a una mesa, unas palabras de amor hacia alguien especial, un abrazo a un amigo/a, una buena conversación).

Por último, recuenden que la felicidad es un bien totalmente personal, y demasiado manipulado por el ambiente y las grandes masas: Noticias de televisión, situación económica, vidas de amigos, por nuestros hijos, nuestras parejas, nuestra historia familiar...etc.

Pero nadie nos puede decir ni como, ni cuando, ni la forma; y mucho menos, pueden influir en NUESTRA INTERPRETACIÓN. Somos nosotros los que podemos, elegimos y queremos aprender a ser….. un poco más felices.
lunes, 10 de noviembre de 2014.
 
Ninguna buena semilla da frutos en una mala tierra
Maldad y bondad
Un tema que ha preocupado a filósofos y psicólogos (especialmente) es si los niños nacen con una tendencia a ser buenos, malos o ninguna de las dos cosas. Parece inevitable, que a la hora de reflexionar sobre esta cuestión, caigamos en el dualismo "bueno-malo" dictado por la cultura que cada sociedad acata, aspecto que hace mucho más difícil dar una explicación fija y universal.

Es importante remarcar que esta reflexión viene dada desde el punto de vista conductual. Existe una tendencia a ver los factores "malos" como algo disposicional, relacionándolo con la personalidad, la herencia, la genética... etc.

Es también lícito mencionar que se puede tener una conducta mala sin maldad, no siendo esto así a la inversa. Esta pequeña frase nos hace añadir un concepto más: "intencionalidad".

¿Qué ocurre con el aspecto situacional?, ¿estamos seguros de conocernos a nosotros mismos?, ¿podríamos afirmar realmente qué cosas nunca llegaríamos a hacer?, ¿que lugar toma "el sistema" en nuestra conducta?

El límite entre la bondad y la maldad es una linea discontinua y permeable. La acción queda establecida por la experiencia (base del aprendizaje), la situación, los factores externos impuestos desde el sistema, la percepción de estos factores y la intencionalidad de la conducta (asentada en el pensamiento). Todo esto lleva en última instancia a la disposición, siendo entonces el último eslabón de una larga cadena, eslabón que a veces vemos como si del primero se tratase.

Llegados a este punto, parece factible reconsiderar la postura de personas "buenas y malas", ya que nadie queda exento de los factores anteriormente mencionados, y resulta coherente reconocer que todos en algún momento, caeremos fuera de la línea de lo bueno, aunque será nuestra decisión ( basándonos en las consecuencias de la acción) perpetuar esta conducta. Siendo la labor de la sociedad y de cada sistema, clasificarla.
lunes, 22 de septiembre de 2014.
 
 
Del padre autoritario al padre sumiso
Ni obediencia ni completa libertad
lunes, 8 de septiembre de 2014.
 
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