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Antonio Alcántara
Antonio Alcántara
XVII Velada Flamenca Aceitunera

Manuel Fernández 'El Titi' y David Delgado ' Niño de la Fragua'

Es un flamenco virgen extra, puede llenar de arte una almazara y atesora un compás que fluye en su voz como el oro líquido. Éste es el aval del cantaor almeriense Manuel Fernández 'El Titi' que cautivó al público de Martos, la cuna del olivar, que supo saborear y gozar del cante de este gitano que se empapa de flamencura cual aceite en un buen hoyo de pan. Comenzó su recital en la venusta peña flamenca marteña, abarrotada por una audiencia hambrienta de buen flamenco, por tientos-tangos dejando claro desde el inicio que iba a poner su corazón proyectado en su garganta al servicio del arte.

'El Titi' se mueve como pez en el agua en los cantes de compás y los adereza con su voz fundida en esa fragua que engendró su etnia. Metal puro, un flamenco sin artificios, sin recursos efectistas ni banalidades superfluas. Un cantaor que no sucumbe a las imposiciones de las modas, que respeta y conoce profundamente el inmenso legado heredado de sus ancestros. El respetable comenzaba a saciar su sed de cante y el de Huércal de Almería se arrancó por soleares con el acompañamiento de esa gran guitarra de 'El Niño de la Fragua'.

Esa soleá bien templá, en la que se peleó con el cante y le ganó la batalla, fue el preludio de otro estilo matriz como las seguiriyas. 'El Titi' chanela de cante y lo demuestra en el escenario. Pero no sólo conoce las claves del flamenco, sino que su cante duele, eriza la piel al más pintao.

Bordó las seguiriyas y cerró la primera parte con unos fandangos naturales, dedicados con ternura a su madre Lela, que el público premió con una sonora ovación. Tras el receso, el almeriense inundó de compás la peña de Martos. De nuevo al tajo, aunque ya cesaron de doblar las campanas de las seguiriyas para dar paso a la fiesta pura por tangos y rumbas que arrancaron las palmas hasta al más 'atravesao' de la sala.

Continuó con otro palo festero como las alegrías de Cádiz en las que 'El Titi' jugueteó con los doce tiempos con la misma facilidad que las niñas gaditanas se hacían tirabuzones con esas bombas de los fanfarrones. Derrochó fuerza, entrega y amor a lo que más le gusta: el flamenco. Manuel Fernández es un cantaor que desayuna, almuerza y cena flamenco y lo digiere en el escenario.




Las autoridades marteñas entregan aceite a los artistas


Además tuvo el detalle de invitar a subir al escenario a su hermana, Toñi Fernández, la continuadora de la flamenquísima saga que sobrecogió a los aficionados marteños con unos campanilleros en los que hubo ecos de los soníos negros del Torre. Tras esta bendita pincelada navideña, el tablao se impregnó de la magia de la bulería con el compás que marcaban los palmeros David 'El Foski' y Antonio de Linares y las falsetas flamenquísimas de David Delgado 'Niño de la Fragua'. Los Fernández hicieron un extenso repertorio bulearero que Toñi salpimentó con unas pataítas con mucho arte.

“De flamenco no estamos hartos / con este público maravilloso / en esta peña de Martos”. Y con este homenaje al público local remató Manuel Fernández 'El Titi' una actuación magistral que dejó en el paladar de las emociones un sabor de boca tan bueno como el conspicuo aceite de oliva jiennense que recubre con un manto de oro a Andalucía.

Artículos del autor

Entre tanta parafernalia política, me acuerdo de los sonidos de la fragua al compás del martillo, los melismas por los surcos con los cantes camperos al mecido del arado y marcando el tiempo de la besana, de los barrenos en las minas y de los nudillos en los tabancos.
 
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