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Festival del vino 2016 - D. O. Somontano
Alejandro Alonso
Alejandro Alonso Nieto (Madrid, 1983) es guionista y crítico de cine. Se licenció en 2007 en Comunicación Audiovisual por la Universidad Rey Juan Carlos. Tras vivir un año en Alemania regresó a Madrid para diplomarse en escritura de guiones por la ECAM (Escuela de Cine de Madrid). Ha escrito varios cortometrajes premiados en diversos festivales de cine. Actualmente compagina la actividad de crítico de cine con la escritura de su tesis doctoral.
Alejandro Alonso
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Wilder en Argentina
Alejandro Alonso
“Los que ascienden son unos trepas y unos lameculos”. En este planteamiento encuentra Castilla (Federcio Luppi) la justificación a la sensación de fracaso que le produce ser el más veterano de su empresa y no haber ascendido nunca en su puesto. Castilla se considera un hombre de principios y por fin se le ha presentado la ocasión perfecta para demostrarlo: su jefe le pide que le venda el único ejemplar que le falta de una colección de viejas revistas que lleva mucho tiempo buscando por todo el mundo. A pesar de la elevada suma que le ofrece a cambio, Castilla se niega en rotundo alegando que ese ejemplar es un valioso recuerdo familiar puesto que en él aparece una foto de su padre acompañado del príncipe de Saboya.

Lo que comienza como un simple intercambio de diferencias entre jefe y empleado pronto alcanza mayores dimensiones hasta envolver a todos los trabajadores de la empresa y a la familia y amigos de Castilla. Para sus compañeros de trabajo se convierte en un héroe y para su familia en un traidor. El inteligente guión (adaptación de Roberto Fontanarrosa) no deja títere con cabeza. El tiburón capitalista resulta ser un fracaso como padre, el heroico trabajador que se enfrenta a la autoridad se convierte en un fantoche que se dedica a dar sermones sin hacer nada para sentirse más feliz y hacérselo sentir a los que le quieren. La desgana de los personajes no se debe a esas autoridades que les aplastan sino a su propia incapacidad de tomar las riendas de sus vidas.

Con un ritmo ágil y unas interpretaciones más que destacables (con Luppi y Norma Aleandro a la cabeza), el casi principiante Rodrigo Grande consigue una película divertida y ácida al mismo tiempo, al más puro estilo Billy Wilder, que disecciona la apática moral de una clase media capitalista autocomplaciente e inmadura. Al margen de algunos gags metidos con calzador y ciertos vaivenes en la consecución del desenlace, la película es un trabajo honesto y digno, más centrado en el disfrute del espectador que en la autoafirmación de su autor (algo de agradecer en el cine contemporáneo). Una película agradable y fácil de ver, firmada por un cineasta humilde pero con mano de buen artesano que consigue que el conflicto de su historia no deje de crecer según avanza la proyección. Dicha progresión irá envolviendo cada vez a un mayor número de personajes, retrato de un pequeño mundo al que todos pertenecemos, queramos o no: el de un capitalismo triunfante y galopante.

viernes, 11 de marzo de 2011.
 
'The fighter' “Un nuevo clásico para el cine de boxeo"
Alejandro Alonso
Parece que en los últimos años las películas de boxeadores han recobrado protagonismo entre las preferencias de la academia. Quizá sea el halo romántico que envuelve a estos héroes nacidos del fango que logran abrirse camino a puñetazos lo que atraiga a un Hollywood aficionado a rendir tributo a los triunfadores más sacrificados. Quizá sea que, al igual que el western, el film de boxeo es un género especialmente apto para retratar una sociedad yanqui que, no hay que olvidarlo, también se forjó a golpe de puño y pistola. En cualquier caso, todas estas películas vienen a ser lo mismo: un protagonista que se prepara para golpear y ser golpeado (en esto reside su encanto), que empieza perdiendo hasta que por fin su suerte cobra fuerza y consigue llegar al combate decisivo. Lo que diferencia el interés del género es la capacidad del ring de boxeo para dilatarse y dar cabida a conflictos de mayor calado y eso es lo que sucede en “The fighter”.




THE FIGHTERMicky Ward (Mark Wahlberg) es un welterweight o boxeador de peso medio, que vive a la sombra de su hermano mayor Dicky Eklund (Christian Bale), quien llegó a lo más alto derrotando a Sugar Ray Leonard antes de sucumbir a las drogas y hacerse adicto al crack.

La película ilustra la trayectoria de un Don Nadie que ha de abrirse camino para alcanzar un lugar no sólo en la sociedad sino también en su propia familia, un grupo de paletos a los que la fama repentina de su primogénito, lejos de ayudarles, les condujo a la miseria moral en la que viven.

Producida por uno de los nuevos enfants terribles de Hollywood (Darren Aronofsky) y dirigida por David O. Russel (“Tres reyes”), la cinta se presenta como una de las sorpresas de la temporada que ha conseguido hacerse con siete candidaturas a los oscars desbancando a “Origen”, la rebuscada superproducción de Christopher Nolan que figuraba en todas las quinielas como una de las favoritas.

Con ecos del mejor Elia Kazan, “The fighter” se convierte en un cine de personajes, una película tan humana como épica, que destila sinceridad y emoción por todos sus poros y que alcanza momentos de gran altura gracias a unas interpretaciones magistrales. Cabe destacar el trabajo de Melissa Leo en el papel de la madre de los boxeadores, actriz que se dio a conocer hace un año en “Frozen River” y que vuelve a comerse la pantalla con una veracidad y fuerza que, literalmente, quita el aliento. Una gran película.

viernes, 4 de febrero de 2011.
 
El último bailarín de Mao: Un biopic correcto pero sin alma
Alejandro Alonso
El “biopic” o biography-picture ha alcanzado tanta popularidad en los últimos años que ha pasado a convertirse en un género cinematográfico en sí mismo con sus propias reglas y clichés. La sobrecarga de relatos audiovisuales basados en vidas de personajes célebres ha llegado a saturar de tal manera las carteleras y parrillas televisivas que ya llegan a empechar hasta hacerse indigeribles de tanto aplicar la misma fórmula una y otra vez.

En este caso, le ha tocado el turno a una estrella del ballet: Li Cunxin. Se trata de un bailarín chino formado por una delegación del gobierno maoísta que, tras convertirse en la estrella más joven del balet de Pekín, fue tachado de traidor por las autoridades del régimen comunista cuando contrajo matrimonio con una ciudadana americana y decidió quedarse a vivir en Estados Unidos. Este trayecto biográfico, muy interesante en principio, ha sido reducido a la clásica historia de superación personal de un héroe del tercer mundo que logar expandir su talento gracias al mecenazgo yanqui.

Con este esquema, “El último bailarín de Mao” se convierte un producto típicamente hollywoodiense que obedece al prototipo de cine con sed de óscar (aunque en este caso se queda sólo con la sed). Los productores han reunido a un elenco creativo premiado por la academia, el director Bruce Beresford (“Paseando a Miss Daisy”) y el guionista con experiencia en biopic oscarizado, Jan Sardi (“Shine”), con la intención de hacer una película épica de aire clásico.
En principio no se le pueden hacer grandes reproches a la cinta: posee un guión correcto, una dirección elegante (su mayor valor) y unas interpretaciones acertadas (excepto la del protagonista, cuyo talento como bailarín ha sido antepuesto a sus dotes interpretativas, bastante dudosas). El problema de la película es la sensación que transmite de haber sido realizada con una plantilla maniquea. Todo en ella es tan correcto que resulta intrascendente y carente de vida. En algún momento, incluso, llega a irritar la visión auto enaltecedora del pueblo americano como adalid de la libertad humana y creativa.

A pesar de la carencia de imaginación que suele mostrar al cine basado en vidas reales (siendo “El último bailarín de Mao” un claro ejemplo), también se han dado casos recientes de obras excepcionales que aplican a este “género” una visión innovadora y original. En este sentido, se puede destacar otra cinta con sed de óscar como es “La red social” (en este caso la sed parece que será satisfecha) que explora la complejidad de una mente creadora alejada del sistema al que sueña con pertenecer o la última película de Todd Hynes “I’m not there”, que rompe con los tópicos del biopic para presentar un acercamiento innovador y vanguardista hacia todos los personajes que conviven bajo el nombre de Bob Dylan.

viernes, 17 de diciembre de 2010.
 
 
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